domingo 28 de junio de 2009

La Derecha al desnudo

por Ricardo Forster - 25/06/2009

Cada época de la historia no sólo inventa sus propias palabras sino que ilumina con nueva luz antiguos vocablos que habían caído en desuso o simplemente se habían ausentado de escena. Así sucedió con gran parte de las herencias políticas provenientes de lo inaugurado por la Revolución Francesa allí donde, en los años hegemonizados por la retórica neoliberal, muy pocos siguieron hablando de derechas e izquierdas en un tiempo de profunda despolitización que anunciaba, también, la doble muerte de la historia y de las ideologías. La astucia del poder logró, en aquellas décadas finales del siglo veinte, naturalizar su propia ideología destituyendo por inactual cualquier tradición que pudiera recordar el contenido brutal y salvaje del capitalismo desplegado después de la caída del Muro de Berlín.

La panacea del mercado global unida a una profunda transformación cultural asentada en el papel central de las grandes corporaciones de la industria de la comunicación, la información y el espectáculo, habilitó un doble proceso: por un lado, el advenimiento de una sociedad hiperindividualista dominada por la lógica del consumo y, por el otro lado, la producción de una nueva forma de sentido común y de opinión pública fuertemente capturada por una derecha portadora de nuevos arsenales capaces de horadar historias, biografías, conciencias y pertenencias.

Algo de esa hegemonía amparada en el ocultamiento de sus intenciones comenzó a quebrarse a partir de la crisis desatada en el corazón primermundista del capitalismo especulativo-financiero (entre nosotros esa evidencia se manifestó con toda su crudeza en la bancarrota del 2001 que se llevó puesta a la convertibilidad sin acabar, de todos modos, de romper el ensueño neoliberal que, insisto, penetró honda y radicalmente en amplios estratos de la población).

Mientras algunos medios de comunicación repiten una y otra vez el carácter anodino y hasta pueril de la campaña electoral buscando, quizás, aportar un nuevo granito de arena a la despolitización de la sociedad, lo que vemos emerger de un modo algo imprevisto es, por el contrario, la más fuerte evidencia de lo que podríamos denominar el “inconsciente ideológico” de nuestras derechas; un inconsciente que logra, como en el caso de De Angeli, sortear cualquier represión del superyó para lanzar a boca de jarro sus exabruptos reaccionarios enmarcados en su habla “campestre”, directa y sin sutilezas, como supuestamente le gusta a la gente. Pero también lo siguen Biolcatti y Macri cuando el primero afirma que el 29 deberíamos tener otro gobierno y cuando el segundo regresa sin escalas a la década neoliberal de los noventa reivindicando la reprivatización de Aerolíneas Argentinas.

A estas perlas de la derecha argentina (¿Vale en estos tiempos pos posmodernos utilizar categorías que habían sido abandonadas como inactuales? ¿Vale regresar sobre lo que hoy, como ayer, significa ser de derecha? ¿Nos permite, el amigo lector, utilizar estos giros anacrónicos?) hay que agregarles el apoyo que las declaraciones de Macri recibieron de su socio De Narváez (ambos unidos por su condición de herederos que se dedican a gastar la plata de los papis jugando a ser políticos exitosos y a trasladar a la vida pública sus caprichos de adolescentes ricos e impunes) y, como no podía faltar, de Gabriela Michetti que dobló la apuesta de su jefe y exigió la reprivatización del sistema jubilatorio.

Extrañas circunstancias las actuales que nos muestran a una derecha que no esconde sus ambiciones y que coloca en el centro de la escena su visión de la sociedad: visión que va desde el regreso a la lógica privatizadora vinculada al desguace del Estado con la creación de dispositivos de vigilancia y represión articulados a partir de la construcción de una política del miedo. Todo cabe dentro del cajón de sastre de la derecha vernácula: el regreso a la política brava de los conservadores de principios de siglo veinte que llevaban a votar a sus peones como quien lleva el ganado al abrevadero; el retorno sin pudores de lo peor del neoliberalismo noventista junto con las lógicas de “mano dura” y mapas de la seguridad que no son otra cosa que diseños para la construcción de guetos y de muros que pongan fuera de la visibilidad a los excluidos y a los pobres.

De Angeli dice brutalmente lo que piensan, pero no dicen públicamente, los Macri y los De Narváez; Biolcati expresa su lógica destituyente de un modo que silencian los otros actores políticos de la derecha (pienso en Lilita Carrió y en sus continuos anuncios apocalípticos que la han llevado a utilizar discrecional e impunemente palabras y conceptos como fascismo, totalitarismo, hitlerismo, etc., para referirse a Néstor Kirchner o al gobierno nacional democráticamente elegido por la mayoría del pueblo argentino. Allí también se anida un pensamiento y una práctica de derecha: un denuncismo vacío que se apropia de la memoria histórica, en especial de aquella que nos recuerda los horrores reales de otros tiempos, para rapiñarlos de su sentido y del dolor de las víctimas colocándolos en la actualidad al precio de su absoluta deshistorización).

Saliendo del redil de la derecha (insisto, y sabrá perdonarme el lector, en la utilización de categorías políticas anacrónicas según los analistas formados en los lenguajes de la encuestadología, la publicidad y el marketing) es interesante detenerse en un cierto aspecto del debate televisivo del miércoles pasado, debate del que participaron los cuatro candidatos mejor posicionados de la ciudad de Buenos Aires. No sorprendió la nada conceptual de Gabriela Michetti, su juego gestual que reemplaza lo que las palabras y las ideas no dicen; tampoco el esfuerzo inútil de Prat-Gay por disimular su aspecto de yuppie de la banca Morgan y de concheto porteño que habla de los pobres como quien habla de cosas y objetos.

Sí sorprendió la estrategia que eligió Pino Solanas para acrecentar sus chances electorales: eligió descargar todas sus baterías contra Carlos Heller como representante del gobierno nacional y como candidato del kirchnerismo. Pino fue brutal e inmisericorde, nunca mencionó a la derecha, nunca se detuvo a criticar al macrismo y a su gestión en la ciudad (apenas y, casi en tono de burla, le recordó a Michetti que todavía estaban habilitados 54 prostíbulos, en un gesto que no se entendió muy bien si respondía a una crítica por la explotación de mujeres o un recurso moralista). Su estrategia fue horadar al Gobierno silenciando incluso aquellas políticas que en otras ocasiones ha reivindicado; para Pino, como para Claudio Lozano, la derecha no parece existir a la hora de elegir su estrategia electoral y de imaginar que ellos serán los herederos de una derrota del kirchnerismo desconociendo que la única alternativa de poder real que se prepara para ir por todo –como lo vienen anunciando sin ruborizarsees esa derecha que permaneció innombrada durante todo el debate por el cineasta-candidato.

¿Sorprende? No demasiado, porque no deberíamos olvidar que durante el debate parlamentario en torno a la resolución 125, Claudio Lozano, compañero político de Solanas, no sólo que votó en contra en su condición de diputado sino que luego hizo lobby para que los senadores del ARI de Tierra del Fuego hicieran lo mismo. Durante el conflicto con las patronales agropecuarias Proyecto Sur se alineó con los intereses de la derecha bajo el supuesto apoyo a una Federación Agraria que ya se había pasado con armas y bagajes del lado de la Sociedad Rural.

Interesantes son las cosas que se vienen sucediendo en este último tramo de la campaña; de una campaña electoral que, lejos de no aportar elementos significativos, nos ofrece la posibilidad de vislumbrar dónde se coloca cada quién y qué proyectos se defienden. Por eso y por otras cosas, esta no es una elección más; en ella se juega probablemente el destino de los próximos años en el país; en ella nuevamente se ponen de manifiesto lo que intentaba clausurar el discurso neoliberal que decretó la muerte de las ideologías junto con el fin de la historia. Algunas palabras vuelven a resonar, vuelven a tener sentido y el universo complejo de la política logra sustraerse, aunque sea tibiamente, del dominio abrumador de los lenguajes mediáticos y de su transformación en una mera mercancía. Cuando podemos correr por un rato al ejército de publicistas, de encuestadores, de opinólogos y de expertos en marketing, lo que aparece es lo olvidado de la política: en este caso lo que se muestra es la visión que tiene la derecha y de qué modo se prepara para intentar regresar al poder.

Su discurso ha abandonado los eufemismos allí donde, hacia el final de la campaña y cuando ya no está tan segura de ganar electoralmente, elige decir con brutalidad aquello que piensa hacer si logra capturar nuevamente el gobierno. Sus ideas de la sociedad, de la seguridad, de los derechos humanos, del papel del Estado, de la crisis mundial, de América latina vienen a expresar, aunque resulten horribles, algo de todo aquello que fue capturando al sentido común de las clases medias a lo largo de la década menemista y que todavía se prolonga en nuestros días cruzados por el desafío que el kirchnerismo, con sus ambigüedades, dificultades y contradicciones le planteó, sin embargo, a los poderes desde siempre hegemónicos en la Argentina.

La derecha sabe quién o quiénes son sus verdaderos adversarios, por eso no les teme y hasta promueve a aquellos que ejercen una crítica testimonial, sin capacidad para cuestionar ese poder real y que son habilitados por los mismos espacios corporativo-comunicacionales que suelen disparar toda su munición gruesa contra quien sí viene afectando sus intereses. Por todo esto, y más, estas no son elecciones comunes y corrientes ni tampoco suponen, como nos lo hacen creer ciertos opinadores profesionales, que nada importante está en juego.

Están en juego la política y la idea de una democracia que sea capaz de habitar el conflicto no como fin de la convivencia social sino como genuino recreador de la vida colectiva; están en juego tanto la recuperación de concepciones distribucionistas como las que defienden un rol activo del Estado en la defensa de los más débiles; están en juego, de cara al bicentenario, el proyecto de una integración latinoamericana sustentada en principios comunes de justicia y equidad y la afirmación de políticas anticíclicas que no perjudiquen a los trabajadores sino que defiendan el salario y el mercado interno…

Estas son algunas de las cosas que están en juego frente al avance de una derecha que apuntará a la reprivatización y a la ampliación exponencial de la concentración de la riqueza y del poder en cada vez menos manos. Poco o nada tienen de anodinas unas elecciones en las que tanto se pone en juego; poco y nada tienen de ingenuas aquellas críticas testimoniales que prefieren hacer pie en la crítica del Gobierno antes que señalar el peligro real que viene desde la derecha que, eso hay que recordarlo, no busca destituir lo inaugurado el 25 de mayo del 2003 por lo que hizo mal sino por todo aquello que se hizo bien. Mejor sería no olvidarlo en defensa de nosotros mismos.

jueves 11 de junio de 2009

I.V.A.

Las marchas y contramarchas del Ministro de Economía no se comparecen con un manejo racional del tema - 24/09/2004
LA INEXPLICABLE DECISIÓN SOBRE EL I.V.A.


por Salvador Treber
Profesor de Postgrado-F.C.E.-U.NCBA.

El decano entre los Premios Nóbel de la especialidad, Paul A. Samuelson, en su clásico Manual de “Economía” -autoría que comparte con William D. Nordhaus, 14º Edición pág. 397- se refiere específicamente a “La Revolución Fiscal de los Años Ochenta” ocurrida en Estados Unidos.
En tal sentido menciona que en ese período “...se fraguó una serie de reformas fiscales con la radical legislación aprobada tanto en 1981 como en 1986”; cuya inspiración y concreción, según lo señala enfáticamente, fue la principal característica de “la década conservadora”. Se inició durante la presidencia de Ronald Reagan y tuvo continuidad en la posterior de George Bush (padre).
El fundamento téórico era la denominada teoría “ofertista” y su principal expositor Arthur Lauffer. Consistía en priorizar los aspectos microeconómicos como factores decisivos y relegar, a un segundo plano, las medidas macroeconómicas que se manejan mediante las políticas monetaria, cambiaria, fiscal y de ingresos.
Para la referida tesis, lo importante era potenciar al máximo la productividad y eficiencia de las empresas; adjudicando al Estado la misión de coadyuvar a bajar sus costos y el acceso a insumos y servicios al menor precio posible. El circuito “virtuoso” se cerraba disminuyendo los tributos para que los demandantes pudieran disponer de un ingreso creciente que respondiera positivamente a los atractivos de esa oferta.
Como consecuencia directa de ello, se encaró una primera reducción de los impuestos federales vigentes en 1981. Con ese objetivo descendieron las diversas escalas de imposición a la renta personal en un 25%, pero los resultados no fueron los esperados. El examen de éstos, los llevó a la conclusión que no se cumplió con las expectativas porque se requería un ajuste mucho mayor para que la tesis “ofertista” diera los frutos buscados.
A estas circunstancias obedecieron las resueltas en 1986, que llevaron la tasa marginal de la imposición personal a la renta máxima del 50 al 28 por ciento y en las sociedades del 46 al 34 por ciento. Las diferencias mencionadas ponen en evidencia la importancia de las rebajas introducidas y la confianza que se tenía en ese planteo. Se suponía, al liberarse fondos en una magnitud tan grande, a favor de los particulares, que con ello se inyectaría una “ola” compradora que impulsaría en alta medida la actividad general. En consecuencia, con impuestos más bajos, crecería la recaudación.
En la realidad, los pronósticos no fueron ratificados por los hechos; pues no se logró el efecto buscado y el desequilibrio del presupuesto federal se hizo cada vez mayor. El déficit, que en 1980 ascendía a u$s 68.8 miles de millones, comenzó una rauda carrera que culminó en 1993, cuando llegó a u$s 326.8 miles de millones; todo lo cual, obligó a cubrirlos con crédito y los intereses pagados pasaron de representar del 6 al 16 por ciento del gasto público total. Le tocó a la Administración Clinton conjurar la situación y lo hizo, además de eliminar exenciones, incrementando en un 20.0% la carga tributaria, pero solamente al quintil de la cúspide; es decir el de los más ricos. Ya en 1984 el déficit había descendido a u$s 226.5 miles de millones; en 1998 se había revertido arrojando un superávit de u$s 54.4 miles de millones; y al transferir el gobierno a George Bush (hijo), el mismo llegaba a u$s 150 mil millones.
La Administración de éste volvió a las andadas y decidió reintegrar -a esa franja de contribuyentes de la cúspide- lo que “le habían cobrado demás”¸ reduciendo nuevamente el nivel de las alícuotas marginales máximas. Sin considerar los gastos que ha provocado la invasión y ocupación de Irak, en solo cuatro años de su gestión, se han batido todos los records; pues el resultado negativo del ejercicio -que cierra el 30 de este mes- se estima rondará los u$s 500 mil millones. En resumen: la historia de estas dos grandes rebajas impositivas, cosecharon sendos y rotundos fracasos. Los integrantes de la Unión Europea y Japón, durante los tres últimas décadas, han sido mucho mas prudentes. Introdujeron variantes graduales y de proporciones muy inferiores que han procurado mantener sin cambios sustanciales el diseño de sus respectivos sistemas tributarios. Alemania, por ejemplo, resolvió disminuir la alícuota marginal máxima del 52 al 45 por ciento en un lapso de cinco años. La preocupación es darle permanencia a las “reglas de juego” y no aceptar presiones o sugerencias de sectores interesados. El diseño de las reformas introducidas, se han dejado en manos de equipos altamente especializados que sopesan necesidades presentes y futuras. Ello ha evitado que, pese a los cambios políticos habidos en muchos de los quince integrantes de la Unión Europea, no hayan generado contradictorios “bandazos”; como los que han caracterizado a Estados Unidos desde 1980 en adelante.

El tratamiento del I.V.A. en el mundo.
La generalización de esta modalidad de imposición al consumo no ha llegado a la primera potencia mundial; único país del OCDE que no lo adoptó. El primero que lo introdujo fue Francia para sustituir el que recaía sobre las transacciones brutas en las diversas etapas. Al constituirse el Mercado Común Europeo, se aplicó en forma progresiva por todos sus integrantes, siendo Italia y el Reino Unido los más renuentes. Se adjudica a este instrumento una buena parte del grado de integración logrado en el área.
Esta adopción generalizada no significa que hayan equiparado las tasas que rigen en cada uno de ellos; pues se han reservado la facultad de fijar una o más tasas generales y diferenciales. Corresponden a Suecia y Dinamarca las más elevadas (25.0%), le sigue Finlandia con 22.0% y en los sucesivos escalones descendentes, Bélgica con 21.0%; Italia y Austria, 20.0%; Francia, 19.6%; Reino Unido y Grecia, 18.0%; Alemania y España, 16.0%
De dichas experiencias internacionales hay mucho por aprender. Entre ellas, que los alimentos y medicamentos, son objeto de una consideración especial por su fuerte impacto en la economía familiar. Las alícuotas difieren, pero siempre son inferiores: van del 4.0 al 10.0% según el país o los productos que comprenden. En todos los casos, implican reducciones superiores al 50.0%.
En Argentina, al implementarse el I.V.A. -en 1975- la Ley Nº 20.631, en su artículo 32º, facultaba al Poder Ejecutivo reducir la tasa general (13.0%) hasta en un 50.0% cuando se tratara de “...promover u orientar la actividad económica o cuando sea conveniente para contener aumentos en los precios de los artículos de primera necesidad en le mercado Interno”. Este tratamiento se concretó para alimentos y medicamentos; posteriormente dichos rubros llegaron a estar totalmente exentos.
El Gobierno del Proceso, mediante la Ley Nº 22.294 (B.O. 06/10/80), volvió atrás dicho criterio en forma rotunda. Los argumentos de la Nota de Elevación al Presidente, sugestivamente suscripta por quiénes muy poco conocían del tema -los generales Albano Harguindeguy y Llamil Reston, además de Juan R.Amadeo- son suficientemente reveladores y no necesitan ningún comentario adicional. Dicen que “El impuesto al valor agregado está estructurado para ser aplicado en forma generalizada. Las exenciones generan problemas administrativos y económicos de difícil solución...en comercios que venden artículos gravados con dicho impuesto y otros no gravados, como es el caso actualmente de los comestibles, el control se hace extremadamente difícil.” Agregan sobre el particular que “...las exenciones generan distorsiones de diversa índole” y “la distorsión de precios relativos a que lleva, influye en la demanda y por ende, en la estructura productiva en forma muchas veces no deseada”.
Surge con claridad que han primado razones de tipo administrativo, que se refleja en la permanente presión “simplificadora”. Los objetivos de tipo social, como es el caso de aliviar la carga sobre los componentes de la “canasta familiar”, se califican de “distorsión de precios relativos” y, justamente en ese momento, se elevó la tasa general del 16 al 20%.
Actualmente las exenciones tienen estrictas limitaciones. Incluyen -entre ellas- el agua ordinaria natural; la leche, solo cuando el comprador sea un consumidor final; las especialidades medicinales en las distintas etapas de comercialización si el importador o fabricante pagó el impuesto; también los establecimientos educativos y los servicios de asistencia sanitaria en forma parcial, la actividad teatral, los taxistas (hasta un radio de 100 kms.) y el transporte internacional. Queda claro, por lo tanto, que nuestra legislación no contempla una desgravación amplia de los consumos propios de las franjas mas carecientes; modalidad que solo adoptan Chile y Uruguay, en América Latina. En México están totalmente exentos (tasa general 15.0%); y en Colombia se siguen criterios semejantes a los países europeos. Esta conclusión no puede dejar de vincularse al hecho de que la carga tributaria, para quiénes integran en Argentina el decil mas pobre, representa 34.0% de su ingreso bruto y el I.V.A. constituye su principal factor.

La propuesta inicial y su posterior insólito archivo.
Sugerido por diversos sectores -incluso con el apoyo de los empresarios de la Cámara de la Alimentación y la que agrupa los Hiper y Supermercados- se sugirió al Ministro de Economía una reducción al 10,5% en la alícuota para 59 artículos que integran la “canasta familiar”que los beneficiaría con un descenso de precios del 17.0%.
Sin aclararse quién la apadrinó, apareció de repente como alternativa a la propuesta anterior, la posibilidad de reducir en 2 ó 3 puntos la alícuota general del 21.0%. El propio Lavagna, en el 2002, la ubicó fugazmente en el 19.0%; y debió dejarla sin efecto a los pocos meses por inocua. Además, significa una merma de $ 1.500 millones por punto.
Esta mala experiencia fue recordada en distintos ámbitos, incluso la propia Unión Industrial; fundados en ese antecedente y en que las de menor magnitud -vgr. Estados Unidos en 1981- no sirven para influir sobre los precios. En cambio, hubo unanimidad en insistir sobre aplicar el 10.5% en los artículos de la “canasta familiar”; que “costarían” solo $ 240 millones anuales de menor recaudación. Sin considerar esta posibilidad, el Ministro desechó la rebaja general debido a su “alto costo”.
¿Por qué archivó definitivamente el tema y no adoptó la idea inicial?. ¿Quién habrá lanzado la que surgió sin patrocinador conocido -casi por “arte de magia”- y fue útil únicamente para “embarrar la cancha”?, Ha sido funcional como falsa excusa para también descartar, de un plumazo, la más viable; que tenía un plausible objetivo social, sin obligarse a dar ninguna explicación.
No es para creer en brujas, pero que las hay, las hay...

jueves 30 de abril de 2009

Los que hacen la tarea

Por José Pablo Feinmann - Noviembre del 2007

No todas las tareas son iguales, no todas entregan a quienes las hacen la misma retribución, el mismo cálido, honorífico reconocimiento. Todo hombre desea ser reconocido. Incluso Hegel dijo que en eso consistía la historia humana: en el deseo de ser reconocido por el Otro. Pero, en la polis, hay reconocimientos que se retacean porque otorgarlos revelaría aspectos sombríos, incómodos. Hay tareas sucias. No todos están dispuestos a hacerlas porque no todos se atreven al verdadero sacrificio por la patria, acaso al más grande: al oscuro, al secreto, al que nadie ponderará. Hacia fines de 1974 la Argentina era un campo de batalla en el que la vida se tomaba ligeramente, con liviana crueldad, porque nada valía. Creo, seriamente lo creo, que debo decir por qué estoy metiendo al lector en una historicidad amarga, de recuerdo doloroso. Ando, desde hace tiempo, preparando materiales para un libro sobre la historia del peronismo. Se trataría, en lo posible, de reflexionar acerca de los materiales que van surgiendo. A esta reflexión sobre los hechos (y a otros elementos que se le suman) se le podría dar el nombre de Filosofía política. Pero esto es lo de menos. La cuestión –lo que aquí interesa– viene por otro lado. Hay un acopio de materiales y ese acopio exige meterse entre papeles, documentos y hasta hablar con algunas personas, preguntarles qué hacían durante el año, digamos, 1953 o 1956 o 1974. Detengámonos aquí, en este año, en 1974. Aquí es cuando la Argentina era un campo de batalla: el 1o de julio muere Perón. El 4 de julio la presidenta (la heredera de Perón, la vice que él se puso y que ahora gobierna, Isabel Martínez) confirma a López Rega como su secretario privado. Mala noticia para muchos: nadie ignoraba que López Rega manejaba la organización terrorista Triple A, que era un ejército de mercenarios que mataban sin cesar, y deseaban por tal motivo la caída del secretario de la presidenta. No: ella lo confirma. También mataba la guerrilla. Mataba tan irracionalmente como para matar a Arturo Mor Roig, que había sido ministro del Interior de Lanusse. El 31 de julio la Triple A mata a Rodolfo Ortega Peña, un hombre brillante, un notable historiador, un estilista. El ERP secuestra al mayor Larrabure. En septiembre el siniestro brigadier Lacabanne asume como interventor en Córdoba. Es un hombre comprometido con la Triple A, uno de los suyos, un asesino. Atilio López, un tipo bueno, un auténtico negrazo peronista, con bigotes, panza, cordobés, derrocado malamente por algo que se llamó el “Navarrazo”, recibe entre ochenta y cien balazos de la Triple A. Ni la cara le dejan. Sucede el 16 de septiembre, aniversario de la Revolución Libertadora. Al día siguiente asume un nazi en la Universidad de Buenos Aires, Alberto Ottalagano, más cercanamente recordado porque hizo el saludo hitleriano en medio de la campaña de Luder, en el ’83. Los Montoneros secuestran a los hermanos Born. Matan al médico policial Alejandro Bartosch. La Triple A mata a Julio Troxler, uno de los dos o tres que se habían salvado de la “operación masacre” de José León Suárez, en el ’56. Matan a Silvio Frondizi. En octubre, el ERP 22 de Agosto mata a Jordán Bruno Genta, un nacionalsocialista nativo que enseñaba a los militares las doctrinas del Führer alemán. Los Montoneros matan a Villar, policía formado por la OAS y la Escuela de las Américas, colocado por Perón en el más alto escalón de la Policía Federal. Montoneros roba y luego devuelve el cadáver de Aramburu. El ERP, en Tucumán, mata al capitán Viola y a su hija de tres años, otra queda malherida. En diciembre, el ERP 22 de Agosto mata a Carlos Sacheri, un profesor de filosofía, hombre de la derecha argentina que dictaba clases a los militares. Estos eran los tiempos. Durante ellos, en una revista de nombre Carta política, a fines de 1974, un periodista, que también daba cursos a los militares, con un estilo cuidadoso, con una prosa de una precisión, de una minuciosidad admirables, publica un texto (él es el director de la publicación) que titula: Meditación del elegido.

No se trata de un “artículo periodístico”. De eso que se llama una “nota”. Ni siquiera es un “editorial”. Es mucho más: es una meditación. Palabra venerable que remite a la filosofía y, muy especialmente, a la religiosidad. Tiene un aire medieval, tomista, que impone respeto, cierta distancia, la distancia de lo sereno, de la cautela, no el apresuramiento de lo periodístico, sino la hondura del silencio recoleto, austero. El efecto escalofriante del texto se produce por la austeridad del estilo y los hechos criminales a los que alude. Pocas veces el asesinato fue reclamado con tanto ascetismo, bajo la forma serena pero poderosa de una plegaria laica.

El autor del texto es Mariano Grondona, largamente conocido en este país. Tomaremos sólo algunos párrafos de su homilía. El “elegido” es José López Rega, el ministro de Bienestar Social, creador, junto con el comisario Alberto Villar y bajo la mirada insoslayable de Juan Perón (no podía “no saber” lo que se hacía bajo sus propios ojos, participara o no de los hechos), de la Triple A. La organización había actuado sin desbocarse en vida de Perón, aunque realizara acciones terribles y hasta espectaculares. Perón, además, hizo tomar los datos de la periodista Ana Guzzeti, quien se atrevió a preguntarle si actuaban fuerzas parapoliciales en el país. A partir de la muerte del viejo líder la Triple A se entregó a una matanza incontenible. Muchos, gente del establishment, militares, sindicalistas, habitantes aterrorizados de todo el país, pidieron o desearon la caída de López Rega, sabiéndolo el líder de los asesinos. Alguien, no obstante, surgió para decir cautamente: “La caída, que muchos desean, entrañaría peligros”. Fue Mariano Grondona en su revista Carta política. Un liberal, un hombre de la democracia, un hombre del riñón oligárquico, un ideólogo de las Fuerzas Armadas, sale a defender a un fascista muñecoide, a un patético Adolf Hitler de opereta, un monje umbandista, un tipo que sólo parecía ser útil para masajear la próstata del General, a quien llamaba “Faraón”. Describe como “serie de desenvolvimientos” los actos que López ha promovido. Dice que los mismos “se aprueban en voz baja y se critican en voz alta”. Le encuentra, a López, una “estirpe”: “De la estirpe de los Ottalagano y los Lacabanne, José López Rega es uno de esos luchadores que recogen, por lo general, la ingratitud del sistema al que protegen”. Dura tarea la de López: tiene que ordenar muertes, torturas, desapariciones y nada puede esperar. El bronce será para otros. “Hay hombres (se lee en la Meditación) cuyo destino es hacer la tarea. Otros tienen la vocación de coronarla.” Observemos la justeza de la prosa. Dos frases breves. Cada una dice lo suyo. Una habla de un “destino” y de una “tarea”. El “elegido” es el que –precisamente– ha sido “elegido” para la “tarea”. Debemos respetar su soledad, su sacrificio austero: no busca la gloria, esa coronación que la segunda frase menciona. No quiere ser coronado, sólo quiere cumplir. Cumplir con el destino para el que ha sido elegido. Muchos quieren librarse de él. No entienden las sinuosidades de la Historia. Hay grandes hombres que coronan grandes sucesos. Hay pequeños hombres que les preparan el camino haciendo el trabajo sucio, sólo les queda la poética de las zanjas, el amontonamiento de cadáveres clandestinos. “López Rega” (sigue meditando el meditador) “cumple al lado de la presidenta el papel de meter la mano en tareas antipáticas (...) Sería por lo menos arriesgado prescindir, hoy, de este servicio”. Pocas veces –insistamos en esto– la muerte fue requerida con tan buena prosa. Durante esos días las listas de la Triple A eran groseras, toscas. La revista El Caudillo, que dirigía un matón de nombre Felipe Romeo, decía, antes de que Ortega Peña fuera asesinado, que los “buenos peronistas” ya tenían una bala para él. O también: “El que le teme a la Triple A por algo será”, frase que haría historia en la Argentina del Proceso, que coronó los esfuerzos de López, sobredimensionados hasta lo monstruoso. Lejos de toda esta chatarra deslenguada y patotera, gangsteril, la Meditación de Grondona fue el apoyo más elegante que López Rega pudo haber recibido. Difícil saber si el “elegido” la valoró adecuadamente. Era muy tosco el hombre, un matarife sin grandeza, sólo un clown sanguinario. Sin embargo, fue el exacto hombre que en ese momento la Historia requirió para “hacer la tarea”, fue “el elegido”. No dejó de advertirlo Grondona. Quien, como vemos, también supo siempre y también sabe ahora “hacer la tarea”.
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Perseveremos en la Meditación del elegido, ese texto de 1974, por medio del cual el director de la revista Carta Política, que lo publicó, dedica una homilía laica, una “meditación”, para respaldar a quien, en ese momento trágico del país, estaba haciendo las tareas sucias, las que muchos criticaban en público pero aplaudían en privado porque eran necesarias. Las “tareas sucias” radicaban en asesinar a milicianos de la guerrilla, a militantes políticos como Julio Troxler, a “perejiles de superficie”, a sindicalistas como Atilio López o a intelectuales como Silvio Frondizi y Rodolfo Ortega Peña. Esa tarea en ese momento la protagonizaba José López Rega, el “elegido”. El autor de la “meditación” era Mariano Grondona. Sabía, Grondona, que ni bien López librara al establishment de todos los que tenían que morir, que ni bien coronara su tarea sucia, ellos, los dueños de la Argentina, habrían de librarse de él. Actuaba, salvando las grandes distancias, como la aristocracia alemana con Hitler: “Dejemos al torpe cabo de Bohemia matar a todos los comunistas. Luego nosotros, que somos Alemania, lo pondremos en su lugar”. Pero Hitler les resultó incontenible y llevó a Alemania a un ocaso wagneriano sin violines ni bronces, sino con metralla, muertos incontables en Dresden y larga humillación para la patria de Hegel y Goethe. No ocurrió lo mismo con López. Inició la guerra sucia contra la guerrilla, les lanzó a sus parapoliciales, que eran feroces, y después, cuando hubo que profundizar y racionalizar la matanza, tarea que requería a las Fuerzas Armadas y no a un lacayo de un general enfermo y extraviado, lo expulsaron del país. El hombre que se creyó dueño de la Argentina, de la vida y de la muerte, el terror de la guerrilla y sus ideólogos, tuvo que irse sin pena ni gloria. Nadie le agradeció los servicios prestados, los cuales, sin embargo, fueron muchos: Atilio López, Ortega Peña, Julio Troxler entre innumerables más. Le gustaba la muerte a Lopecito y le gustaba matar. Le gustaba hacer listas con los nombres de los que habrían de morir. Le gustaba importar armas novedosas, de alta efectividad, infalibles. Lo dejaron hacer hasta donde fue necesario. Hasta que el gobierno de la señora de Perón se desmoronara, se hundiera en su propia ineficacia, en las zanjas de su propia barbarie. No dejó de advertirlo Roberto Santucho: en julio de 1974, el mismo, desdichado día en que la Triple A mataba a Ortega Peña, dijo que los militares se preparaban para el golpe, que se apropiarían del gobierno no sin antes dejarlo chapotear en el desprestigio, dejar que Lopecito se quemara, que la sociedad lo viera como un matarife desaforado, sin límites –y con él a la manipulable presidenta– para luego presentarse ellos como los garantes de la “gobernabilidad”, de la “racionalidad estamental” que garantizaría el orden y, con el orden, el camino a una verdadera democracia republicana. Mentían. Ya estaban construyendo los campos de concentración. Santucho, en su momento, les daría a los militares un poderoso motivo para el golpe: el asalto a la guarnición de Monte Chingolo (que costó demasiadas vidas de jóvenes militantes arrojados al delirio, impulsados a morir por el narcisismo revolucionario de su jefe, quien se jactaba de implementar un ataque guerrillero “mayor que el asalto al Moncada”) sirvió en bandeja de plata la oportunidad del golpe: ya no se podía esperar más. Videla larga su famosa advertencia: en 90 días habría de actuar. Isabel aprovecha e ilegitima al Partido Auténtico, cuyos integrantes –¡que habían entregado para confeccionar las listas electorales todos sus datos, sus domicilios, su documentación!– fueron barridos por los grupos parapoliciales ya con predominio abiertamente militar a esta altura. López se había ido. La masacre pasaba a manos más expertas. La racionalidad del Mal se instauraba en el país.

¿Por qué Grondona defendió a López? Porque, como ideólogo del sistema de la oligarquía agraria y ganadera, de la Iglesia, de la oligarquía financiera empresarial y de la guerra que el Occidente cristiano libraba contra la penetración marxista en el continente, habría de defender a todo aquel que, en el momento que fuera, encarnara la lucha por esos valores. A fines de 1974, no podían aún encarnarla los militares. Estaba López Rega. Estaba dispuesto a la tarea sucia. Grondona, pues, lo respaldó. El, ahora, era su hombre. Impresentable tal vez, pero necesario. En ese monje esotérico, en ese clown risible, el Occidente cristiano tenía su aliado irremplazable. Era 1974 y era la hora de las bandas. López comandaba la banda que llevaría a los militares al poder, que limpiaría de zurdos, de comunistas el camino. Por eso, en esa exacta, precisa coyuntura de la historia, el “elegido” fue él. Luego vendrían los naturalmente elegidos, los dueños auténticos de la patria, los de siempre. Años después, durante el gobierno de Menem, Grondona ensayó buenos modales, hizo su papel de hombre democrático arrepentido de sus excesos autoritaristas de ayer. Muchos le creyeron. No le crean. No bien sea necesario volverá a ungir a un “elegido”. Puede ser un economista neoliberal, un militar dialoguista, uno de extrema dureza o un payaso sangriento pero efectivo, que sepa allanar el camino. El camino es lo que él llama “democracia liberal de mercado”. Por ella, cualquier cosa.

lunes 27 de abril de 2009

Sojización y Dengue

Una mancha más para el complejo sojero:

por Alberto J. Lapolla (Ingeniero Agrónomo genetista e Historiador. Director del Instituto de Formación de la Central de Movimientos Populares) - 20/04/2009

En los ùltimos dos años la invasión de mosquitos de las especies Aedes sp y Culex sp. invadieron amplios espacios de nuestro país especialmente de Pampa Húmeda, extendiéndose mucho màs allá del verano, que es la estación donde suelen aflorar masivamente. El fenómeno fue particularmente notable en 2008 cuando la invasión duró casi hasta el mes de mayo, pese a que la temperatura había descendido lo suficiente como para acabar con ellos. Para quienes seguimos de cerca el desarrollo de los hechos ambientales argentinos, el hecho no pasó desapercibido y tratamos de llamar la atención respecto de ¿qué ocurriría si la especie a propagarse no fuera la perteneciente al Aedes común o al Culex ‘doméstico’ sino el temible Aedes aegypti, vector de la Fiebre Amarilla y el Dengue?. Incluso en 2007 y 2008 hubo casos de fiebre amarilla en Bolivia, Paraguay, Brasil y Norte argentino, que se adjudicó a viajeros provenientes de los países hermanos. En la oportunidad señalamos la equivalencia del mapa correspondiente a la invasión mosquitera, con el que la multinacional Syngenta llamaba de ‘la Repùblica Unida de la Soja’, es decir, la región comprendida po las zonas de Bolivia, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay sembradas con el mágico poroto transgénico forrajero producido por Monsanto, y rociado abudantemente con su agraciado herbicida ‘matatodo’ glifosato, conocido como Round up, acompañado por sus compañeros de ruta, tales como el 2-4-D, la Atrazina, el Endosulfán, el Paraquat, el Diquuat y el Clorpirifós, entre algunos otros. En ese momento -junto a otros ambientalistas del resto del continente- señalamos la rara coincidencia de ambos mapas, mucho mas notable en el caso de la expansión de la epidemia de Fiebre Amarilla de 2007-2008 y de la epidemia de mosquitos ‘domésticos’ de 2008. Así las cosas, preferimos suponer, que cualquier vinculación del raro fenómeno ambiental con la utilizaciòn masiva y descontrolada del glifosato y el área sojizada, no podía sino ser parte de una conspiración antimosnantiana o de mentes calenturientas que ven catástrofes ambientales por todos lados y no creen lo que dice la empresa multinacional o sus repetidoras de AAPRESID, la FFA, o Clarín Rural, respecto de la ‘absoluta inocuidad’ de los casi trescientos millones de litros de pesticidas arrojados por el complejo sojero sobre el ambiente agropapeano. Pero.. que las hay, las hay..

Así llegamos a la epidemia de dengue de 2009 y ¡oh, casualidad¡, la misma vuelve a coincidir con gran parte del área sojera sudamericana, y se basa en una expansión desorbitada de la población de mosquitos. Cualquier profesor de Ecología o de Biología -no empleado en una multinacional, o en un programa de investigación universitario financiado por ellas- preguntaría, ¿es qué habrá desaparecido algún predador natural del mosquito? o ¿es que el mosquito habrá aumentado su fuente de alimentaciòn de manera dsorbitante? Pues la primera es la pregunta correcta y por ende le corresponde la respuesta correcta, si es que el docente desea hacerse la pregunta, claro está.

El glifosato, la Atrazina, el Endosulfàn, el 2-4-D, el Clorpirifos, el Diquat y el Paraquat, casualmente matan peces y anfibios -sapos, ranas, escuerzos, etc- es decir a los predadores naturales de los mosquitos, a los que consumen tanto en su estado larval como de adultos. Pero si esto es así cómo es que nadie lo advirtió…

Pero hay más, pues la cosa no es tan directa, sino multivariada y compleja como todos los fenómenos ambientales. Si bien la epidemia de dengue que sorpresivamente ha atacado a nuestro país, tiene su origen en la propagación de la epidemia que afecta a la hermana República de Bolivia, la misma tiene su causa principal en el calentamiento global que afecta a nuestro planeta, que al producir el aumento de las temperaturas mínimas y medias extiende las enfermedades llamadas tropicales, (paludismo, fiebre, amarilla, dengue, malaria y otras) hacia las regiones templadas, es decir la Argentina. Esa es la razón principal de porqué volvió el dengue a nuestro país, el cual había sido eliminado durante los años cincuenta gracias a la encomiable labor del Dr., Ramón Carrillo. Sin embargo, cabe ubicar algunas otras relaciones causales del múltiple complejo ambiental que afecta a la expansión de una enfermedad como el dengue.

A las políticas de destrucción del Estado y sus controles aplicadas durante los noventa, que cesaron las fumigaciones preventivas, y a la falta de nuevos productos químicos para combatir al insecto vector Aedes aegypty, que las multinacionales del negocio agrotóxico no desarrollan debido a que según ellas ‘no es negocio, pues los países tropicales, principales destinatarios de los productos son malos pagadores’, debemos en el caso argentino sumar la tremenda expansión del área sojizada en Pampa Húmeda y extensas regiones del NEA y del NOA, lindantes con Bolivia, Brasil y Paraguay.

Así, la sojización mantiene una doble línea de influencia sobre la expansión del dengue. Por un lado el complejo de agrotóxicos utilizados para el sistema de la Siembra directa-sojaRR, se basa en el uso masivo de glifosato, endosulfán, clorpirifos, 2-4-D, atrazina, paraquat, y otros pesticiadas. Todos poseen una fuerte acción devastadora sobre la población de peces y anfibios, predadores naturales de los mosquitos, transmisores del dengue y la fiebre amarilla.

Esto puede comprobarse por la casi desaparición de la población de anfibios en pradera pampeana y en sus cursos de agua principales, ríos, arroyos, lagunas y bosques en galería, así como el elevado número de peces que aparecen muertos en los mismos o por la aparición de los mismos con fuertes deformaciones físicas y con graves afectaciones en su capacidad reproductiva, como han informado reiterados estudios e investigaciones de diversas instituciones de Pampa Húmeda. Podríamos señalar sin exagerar que los anfibios –principales predadores de mosquitos y otros insectos- son cosa del pasado en el territorio sojizado, arrasado por el cocktail de agrotóxicos utilizados por los productores en el sistema de Siembra Directa.

Un segundo elemento del relación entre la sojización y la epidemia de dengue, se ubica en la enorme deforestación producida en las áreas boscosas y de monte de las regiones del NEA y del NOA, lo cual destruye el equilibrio ambiental de esas regiones, liquidando el refugio y hábitat natural de los predadores de otros predadores de los mosquitos, permitiendo el aumento descontrolado de su población, tal como se viene comprobando en los últimos años, sólo que en este último correspondió a la población de Aedes aegypty y no al Aedes común o al Culex, como en años anteriores. El crecimiento desusado de la población de mosquitos es la causa principal de la expansión de la epidemia del dengue según señalan la mayoría de los especialistas y su relación con los agrotòxicos de la soja es casi directa.

Esta relación no es una relación causa-efecto simple, sino parte de las cadenas concatenadas de fenómenos que caracterizan a los procesos ambientales, y que por lo mismo son en general difíciles de estudiar o de señalar, mediante una mirada simplista de la relación causa-efecto, sin embargo es imposible negar la relación entre la destrucción de los predadores de los mosquitos que provoca la sojización por vía de los venenos que se usan para su cultivo, como por obra de la depredación de los montes y bosques nativos que produce su cultivo descontrolado, y por ende su responsabilidad central en la existencia de la actual epidemia de dengue. Una mancha más a cargar en el disparate sojero.


jueves 2 de abril de 2009

Agrotensiones

Por Plan Fenix - Proyecto Estratégico de la Universidad de Buenos Aires

“Los reclamos por suprimir las retenciones a las exportaciones primarias ocupan, desde hace algún tiempo, un lugar destacado en la agenda de los medios de difusión. Los argumentos al respecto tienen muchas veces un contenido simplista, pero ello no impide que esto sea avalado por partidos políticos, organizaciones intermedias, cámaras empresariales y hasta organizaciones sindicales.”

Así comenzaba un comunicado que emitiéramos desde el Plan Fénix, en marzo de 2005. Cuatro años después, el debate sobre el tema permanece, con mayor vigor, habiendo atravesado instancias dramáticas durante el año 2008, con fuertes reverberaciones en el plano político y partidario. Una y otra vez se han reiterado argumentos a favor o en contra de este instrumento. Así lo hemos hecho también nosotros, exactamente hace un año. Reafirmamos nuestra postura a favor del mantenimiento de las retenciones, graduando su impacto por producto, escala de explotación y región geográfica. Se trata de un instrumento con indudables efectos positivos:

  1. Permite socializar parte de la renta primaria, que de derecho corresponde a toda la comunidad.
  2. Introduce un tipo de cambio diferenciado que favorece un desarrollo armónico de agro e industria, transfiriendo al conjunto de la economía la ventaja comparativa agrícola.
  3. Brinda holgura fiscal al Estado, lo que habilita el financiamiento de inversión productiva y otras prestaciones estatales, sin presionar sobre los mercados financieros.

La historia argentina de las últimas tres décadas avala esta postura: los dos ciclos más exitosos de la economía en términos de crecimiento (1963–1974 y 2003-2008) en los últimos 50 años contaron con la aplicación de tipos de cambio diferenciados mediante retenciones. Sobresale en ambos casos el fuerte impulso resultante para las exportaciones industriales no tradicionales, que crecen en términos reales a un ritmo muy superior al de las exportaciones agrícolas. Es ésta una herramienta insustituible para apuntalar al desarrollo con equidad de la Argentina, sobre la base de un modelo híbrido, que combine ventajas comparativas naturales y aquellas que permiten la actividad de transformación.

En la actual coyuntura se añaden algunos elementos novedosos. La caída de los precios internacionales (que han regresado así a valores próximos a los históricos) ha reducido el margen de ganancias extraordinarias del año pasado. A ello se agrega una sequía inédita, con valores de precipitación pluvial menores en 50 por ciento o más con relación a promedios históricos, que ocasiona la disminución de los volúmenes producidos (particularmente en los casos de trigo y maíz). A la disputa en torno de la posible apropiación de tales ganancias, que produjo la escalada del conflicto, se suman ahora los requerimientos para paliar la situación crítica ocasionada por la mencionada circunstancia climática.

La postura de las patronales rurales, respaldada por parte importante de la oposición política, no ha variado, sin embargo: el reclamo es por la abolición o drástica reducción de las retenciones, sin otros aditamentos. Ante este escenario, el Gobierno ha anunciado recientemente algunas medidas, a partir de reuniones con los representantes rurales, que desgravan parcialmente algunas producciones (pampeanas y extrapampeanas), segmentan la aplicación de retenciones y brindan subsidios para revertir la reducción del stock ganadero. Se mantiene la alícuota para la soja, habiéndose dispuesto en estos días su parcial coparticipación con las administraciones provinciales y municipales.

Entendemos que modificar los principios que sustentan el sistema de retenciones sería equivocado. A los argumentos ya mencionados debemos agregar la profundización de la actual crisis internacional, con impactos recesivos que llegarán inexorablemente a nuestro país. Hoy más que nunca, desguarnecer al Estado constituye un grave paso en falso, que entraña riesgos considerables. No es éste el momento, seguramente, de privilegiar intereses sectoriales, sobre todo cuando nada indica que la supervivencia de los emprendimientos agropecuarios esté bajo amenaza. Sólo los acreedores de la aún impaga deuda social de la Argentina tienen derecho a este tipo de reclamo: hablamos de niveles de pobreza y marginalidad que no pueden ser aceptables.

Ahora bien, los argumentos aquí expuestos no son por cierto desconocidos para la generalidad de los analistas y actores del quehacer económico y social. Cualquier persona razonablemente informada e intelectualmente honesta puede reconocer su validez, más allá de los matices con los que el instrumento de las retenciones puede ser aplicado. Cualquier persona sabe que la supresión de las retenciones no paliará los impactos de la crisis internacional, ni tampoco devolverá la lluvia perdida. En consecuencia, la presente puja en torno del tema no refleja sino un posicionamiento torpe y de miras cortas. Quienes abogan por la eliminación de las retenciones, en función de su interés sectorial inmediato, sacrifican una estrategia que a la postre resulta más beneficiosa para el conjunto. A ello contribuye, por otra parte, una dirigencia política incapaz de pensar más allá de la coyuntural capitalización de la protesta.

Entendamos que –tal como lo dijéramos en declaraciones anteriores– no es sólo el interés sectorial sino el patrón de acumulación y distribución lo que aquí está en juego. Hemos vivido y sufrido las consecuencias de esquemas fundados en la revaluación cambiaria y el desfinanciamiento estatal. No están tan lejanos los recuerdos del empobrecimiento de los años ’90 y la correspondiente crisis terminal de 2001. Sin embargo, hay quienes parecen añorar este modelo.

Señalamos además que –más allá del fragor producido por los numerosos cruces verbales– el posicionamiento gubernamental ha carecido de la necesaria claridad. En lugar de ofrecer una fundamentación equilibrada y articulada de esta política, se ha recurrido a argumentos parciales, ora apuntando a aspectos distributivos, ora señalando necesidades fiscales. La dirigencia política argentina debe comprender –desde el Gobierno o desde el llano– que es imperativo persuadir desde la razón, y a la vez desde una perspectiva que valore el bienestar del conjunto de la sociedad. De la misma manera corresponde reclamar a los medios de comunicación un tratamiento objetivo, que no priorice una toma de posición, como hoy se observa en forma generalizada.

Este conflicto debe ser encarado en términos adecuados no sólo a la coyuntura sino a una senda de desarrollo con equidad. Esto es, en el marco de un proyecto nacional todavía por definirse para la Argentina.

Deben esclarecerse por lo pronto los intereses y la representatividad de los actores, lo que lleva a reconocer que la dirigencia enfrentada a las retenciones no representa a la población campesina de recursos y horizontes productivos limitados. Se trata por lo contrario de propietarios de medio y alto porte, rentistas en muchos casos, y en su mayoría de la llanura pampeana. Ellos se han beneficiado considerablemente con la conjunción de precios altos y devaluación verificada en los últimos años. Así lo evidencian los elevados precios de la tierra (e incluso de los inmuebles urbanos en las ciudades del interior agropecuario pampeano).

Pero la realidad de la actividad agropecuaria en la Argentina es considerablemente más compleja. Ella comprende producciones de diversa naturaleza y escala, cadenas de intermediación fuertemente oligopolizadas en muchos casos, proveedores de insumos críticos también concentrados.

Es necesario entonces comprender la problemática agropecuaria en toda su diversidad. Esto implica ir más allá de la cuestión puntual de las retenciones.

El modelo de agricultura intensiva en tecnología que se ha desarrollado en la última década conlleva una fuerte expansión del cultivo de soja, en detrimento tanto de usos más equilibrados de los suelos (lo que puede comprometer la sostenibilidad a futuro), como de cultivos más intensivos en uso de mano de obra en zonas extrapampeanas. Asimismo, ha puesto en entredicho la viabilidad de la actividad ganadera, que se ha visto desplazada, afectando el stock total e incluso la actividad lechera. Se avizoran los riesgos propios del monocultivo en términos de su viabilidad ecológica como de precios internacionales no previsibles.

Estos aspectos requieren definiciones estratégicas por parte del Estado, ya que la preservación del suelo y la sostenibilidad en el largo plazo no pueden dejarse libradas a las señales de mercado dado el limitado horizonte de evaluación de los decisores privados. Estas definiciones se encuentran ausentes. Sólo se han ensayado medidas puntuales, con éxito diverso. Debe ser objeto de particular consideración la agricultura de escala familiar en áreas alejadas de las zonas cerealeras. Asimismo, las cadenas de elaboración y comercialización, tanto en granos como en carnes, hoy día se apropian de una parte no desdeñable de la renta primaria. Esto amerita un estudio en profundidad para su reformulación. Es imperativo un ejercicio participativo de planificación sectorial, que defina un perfil futuro a la vez factible y deseable, en lo que atañe al sector y a su vinculación con el resto de la economía. Se podrán establecer así los roles que cada actividad debe cumplir en el conjunto del quehacer agropecuario, incorporando explícitamente la consideración de aspectos ambientales. Otros tópicos que deben integrar esta agenda son la creación de una comercializadora de carácter público y la revisión de la legislación referida a los arrendamientos rurales.

Las herramientas de intervención gubernamental deben encontrarse correctamente diseñadas y ser implementadas en forma confiable. La imagen resultante debe ser la de un Estado comprometido con una política eficaz, con aristas diversas, correctamente fundamentada, y que no se limita seguramente a introducir un tipo de cambio diferenciado o a atender requerimientos fiscales.

Se requiere entonces a la vez voluntad de diálogo y convicción fundada en la defensa de posturas que benefician al colectivo de los argentinos. La negociación de ninguna manera puede transcurrir bajo la amenaza de medidas que comprometen la continuidad de las actividades productivas, ni mucho menos con la concreción de aquéllas.

El conflicto con el sector agropecuario lleva ya demasiado tiempo. Urge en esta nueva etapa una solución duradera en pro de un proceso de crecimiento sostenible y equitativo, ajustada además a un escenario internacional muy diferente y seguramente más duro que el que vivimos en los últimos años.

lunes 30 de marzo de 2009

Restauración conservadora o profundización del cambio

V documento del Espacio Carta Abierta:

Recorre la Argentina la fanfarria de una restauración conservadora, expresión de una derecha vieja y nueva. Con arrebatos cambiantes, a veces con estridencia, muchas veces en la penumbra, nerviosamente se preparan. Van de reunión en reunión, en una coreografía que se hace y rehace bajo la bitácora de semanales gacetilleros del gran desquite. Ventrílocuos, pronostican el próximo viraje.
El fin de la pesadilla. No llegan a ser aún la Santa Alianza. Pero a falta de un Metternich, pululan políticos de diversas historias y procedencias, estilos comunicacionales aparentemente objetivos y representantes de economías facciosas que apuestan a recrear un Estado sin capacidad de pensar el conjunto de la Nación, cuando es necesario transformarlo en el sentido contrario, sacudiéndose sus modos neoliberales y su debilidad institucional. Los restauradores exudan el deseo de recuperar los fastos de la Argentina del primer centenario, aquella en la que la mitología agroganadera representaba los fundamentos de la Nación. Sus narrativas del presente se inspiran en las injusticias y desigualdades del pasado.
Ellos realizan sus rápidos cálculos de reposición del viejo orden. Alegan pureza institucional, pero se han abstenido de hacer gala de ella cada vez que les tocó actuar en tareas de responsabilidad. Esgrimen que se han superado los límites tolerables en materia de seguridad, pero en vez de pensar los abismos sociales que sólo se remedian con políticas democráticas y con el desafío aún pendiente de una nueva distribución del ingreso, expanden un miedo difuso preparando futuras agencias y formas regresivas de control poblacional. Vigilar y castigar parecen ser sus recursos privilegiados, el núcleo primero y último de la brutal simplificación de la anomia que subyace a una sociedad desquiciada por la implantación, desde los años de la dictadura videlista, de un proyecto de país fundado en la exclusión, la marginalidad y la miseria creciente de aquellos mismos que acabarán convertidos en carne de prisión o de gatillo fácil.
Si es el caso, no vacilan en aceptar pigmentos de “izquierda” para presentar un proyecto que pertenece a las fantasías recónditas de una nueva derecha mundial.
Desenfadados, anuncian que todo lo que harán no será contradictorio con la asunción de “la política de derechos humanos”. El neo-conservadorismo argentino ha aprendido a no ser literal como sus ancestros. Puede ser también, si lo apuran, un “progresismo de derecha”, imbuido de los miles de fragmentos sueltos que vagan por los lenguajes políticos. Todo vale. Pueden tomar las premisas de una lengua que hace poco pertenecía a los movimientos sociales de transformación. O pueden sonreír por lo bajo pues alguien sustituyéndolos reclamará magnas puniciones y pronunciará el supremo veredicto: “pena de muerte”. Será la forma sublimada de indicar el rumbo de la reingeniería de una “sociedad turbada”, una Argentina que reclamaría la pastoral de la seguridad, que en vez de considerarse un grave problema que debe convocar imaginativas soluciones económicas, democráticas, laborales y pedagógicas, es visto como una peste medieval que exige periódicos exorcismos de punitivas sacerdotisas y ávidos prelados.

Junto a la complicidad con quienes exigen un cadalso público como forma de una nueva razón disciplinadora, los mundos políticos de la restauración conservadora extienden bruscamente ante sí el descuartizado mapa de las ideologías argentinas. Unos buscando “patas peronistas”, otros “patas liberales” y otros “patas radicales” para lo que creen que son sus baches a ser rellenados con cuadrillas políticas nocturnas de urgencia. Confunden política con pavimentación. Se entrecruzan en el complaciente intercambio de figuritas sobre el vacío que se atribuyen a sí mismos. Comienzan por reconocerse carentes, vivir en el socavón de su propia escasez. No sorprende que la decadencia de las grandes ideas de cambio social haya traído aparejada la decadencia del lenguaje político. Las viejas corrientes políticas, que supieron ser corrientes de ideas, son ahora partes de un pensamiento rápido, aleatorio, que se arrastra por el piso como un mueble que desgastó sus soportes. La nueva derecha, forjada en los lenguajes massmediáticos, carece de escrúpulos a la hora de arrojar por la borda ideas y principios o de adherirse a los restos tumefactos de tradiciones antagónicas; lo único que le importa es conquistar, por la vía de la simplificación y el vaciamiento ideológico, a una ciudadanía apresada en las matrices heredadas de los noventa menemistas. Pretenden organizar las filas del individualismo atemorizado pero si triunfan no gobernarán como estrategas de la concordia social sino como artífices de una implacable revancha represiva.

Los representantes de la restauración han memorizado así archisabidos preceptos, míseras cartillas para refundar el Orden Conservador, pero se sienten vivados por los abstractos públicos presentados como momentánea platea popular sustituta. Saben que actúan en medio de poblaciones estremecidas por los diversos planos de una crisis civilizatoria de la que dicen no tiene conclusión visible, pero la suelen ver como parte de un oscuro deseo de que esa crisis llegue pronto a la Argentina como “gran electora catastrófica”. La crisis mundial sería la prestidigitadora de una devastación. Desarticularía previsiones, refutaría políticas públicas y esparciría desempleo, inestabilidad o pánico. Y les daría votos. La conciencia invisible del conservador se mueve en todos los rubros de la lengua movilizadora, pues sabe que hay un público difuso extendido en todo el país que lo escucha y que proviene de muchos legados políticos destrozados. Se parte del anhelo de que la crisis venga ya. Que irrumpa por fin esa crisis mundial y derrote a los esfuerzos que se hacen por conjurarla, a veces buenos, otras improvisados sobre el vértigo que la crisis impone, no siempre efectivos.

En el inconciente colectivo de la restauración se halla emplazado el pensamiento de que la “llegada visible de la crisis” equivaldría a una admonición mesiánica que se encargaría de derrotar a los frágiles gobiernos a martillazos del Dow Jones y drásticos patrullajes del Nasdaq. Ninguna conciencia parecen tener de que esas catástrofes en el centro del mundo se han llevado consigo los paradigmas sobre los que construyeron sus capitales político-intelectuales. Más que paradigmas, son sofismas que no cesan de repetir a despecho de las evidencias. Eluden dar cuenta de la gravedad mundial de la crisis para menoscabar las medidas que atenúan sus ondas expansivas más duras. No se atreven a reconocer que la demora y cierta “suavidad” relativa de la crisis en Argentina se vincula con las políticas gubernamentales de moderada desconexión de las lógicas financieras del capitalismo contemporáneo. Los restauradores repiten sus axiomas ya fallidos y no trepidan en solicitar el fin de la desconexión: volver al seno del FMI es ya una consigna de batalla.

Los líderes del "partido del orden", mientras aguardan el auxilio de la crisis, no pueden atravesar ciertos dilemas de parroquia: ¿qué representación política dará finalmente el nuevo bloque agrario que trae la sorprendente fusión en las consignas de los agronegocios de los sectores que antaño se diferenciaban por distintos tipos de actividad agropecuaria? Una nueva soldadura material y simbólica ha ocurrido frente a las nuevas características tecnológicas y empresariales de la explotación de la tierra sobre el trasfondo de ganancias inesperadas. Se trata de un bloque “enlazado” que, bajo un débil manto de republicanismo, se propone la cruzada restauradora y para hacerlo declara vetustos a los desvencijados partidos remanentes, exige una derechización social y pone en crisis también a las tradicionales representaciones del sector..

Los restauradores anuncian que están frente a una impostura histórica pero llaman impostura a novedades introducidas por un juego democrático que sin duda es desprolijo pero vital; anuncian que están frente a manifestaciones de locura y tilinguería, pero no se privan de reclutar en sus filas a toda clase de comediantes que postulan el regreso a una normalidad administrada desde antiguos retablos ajustistas. Anuncian también que están frente a un gobierno errático, peligrosamente estatista –si son liberales-, e insensible a lo social –si asumen aires ocasionales de izquierda. La impostura de la que acusan al gobierno atraviesa de lado a lado su lenguaje, en especial cuando recurren a antiguas y venerables simbologías populares en nombre de intereses antagónicos de esas tradiciones.
Este tema es necesario recorrerlo claramente. El gobierno se halla en medio de una tormenta social y política –local e internacional- acerca de la cual, tanto como no se puede aceptar que la haya provocado en lo que tiene de incierta, tampoco es posible dejar de ver en sus medidas más atrevidas el origen de las hirientes esquirlas que recibe como respuesta y debe afrontar. Estas medidas ya se conocen, y van desde los primeros gestos en relación a fuertes reparaciones simbólicas que desataron nudos asfixiantes de la historia hasta el pasaje de las existencias de las AFJP al patrimonio público bajo administración estatal o el profundo y necesario proyecto de ley de medios audiovisuales, sin dejar en un segundo plano la recuperación de una perspectiva latinoamericana que abandonó el paradigma de las “relaciones carnales” para encontrarse con irredentas pertenencias histórico-culturales.
Con sus diferencias y particularidades, los procesos boliviano, venezolano, brasileño, ecuatoriano, cubano, uruguayo, chileno, paraguayo, nicaragüense, salvadoreño, no nos dejan pensar que esta hora latinoamericana va a ceder su horizonte de realizaciones ante la agresión mancomunada de las nigromantes y los hechiceros del retroceso. Y sabemos que la difícil encrucijada económica y social no puede sortearse sin la composición de tramas políticas, económicas y culturales de alcance regional.

El ciclo abierto en el 2003, no sin titubeos, produjo una diferencia con las formas de gobernabilidad anteriores, diferencia surgida de la lectura de los acontecimientos de 2001, cuando el protagonismo popular sancionó el fin de aquellas formas. Diferencia que se percibe en sus intentos democratizadores (que van desde la modificación virtuosa de la Corte Suprema hasta la afirmación de una política de derechos humanos que retoma los reclamos de los grupos organizados por su defensa), en el tipo de encuentro que propició con los movimientos sociales (entrecruzamiento de diálogos y no de medidas represivas), en el planteo de núcleos centrales para una sociedad justa (desde la enunciación de una pendiente redistribución del ingreso hasta la extensión de los derechos jubilatorios y la reposición de la movilidad de los haberes), desde la innovación en políticas de defensa hasta la decisión de no rendir ante el altar de la crisis los sacrificios tradicionales del trabajo y del salario.

Se conocen también sus deficiencias. Existe un gran contraste entre acciones innovadoras en campos sensibles de la vida social y apoyaturas que arrastran estilos rígidos, no decididamente democráticos, de organización política. Nos referimos a una escasa renovación en los sostenes oficiales del gobierno, cuando no a un chato horizonte de conveniencias sectoriales –encarnadas por lo general en porciones extensas del Partido Justicialista- y específicamente en el profundo error que se comete con alianzas como las de Catamarca, donde se marchó junto a la figura que gobernaba la provincia cuando sacudía al país el caso María Soledad y con las huestes de un confeso ladrón.
También lo que implica la cercanía con Aldo Rico en San Miguel, para mencionar sólo los casos que más hieren. No sólo por lo que componen, también por la ausencia que revelan de otra construcción política capaz de efectuar una interpelación popular, convocar a los hombres y mujeres, a los trabajadores, a los desocupados, a los que estudian y los que crean, a apoyar y expandir una diferencia que efectivamente existe en ciertos actos y se opaca en la rutina de las antiguallas partidarias. No es casual que en las entretelas de estas alianzas de ocasión con personajes sin moral y sin conciencia, que han navegado los últimos veinte años de vida política, haya tomado cuerpo la “idea” de una “salida ordenada” del kirchnerismo, manejando figuras como el cáustico sojero fórmula 1.
Esa salida –engalanada con prefijo post- dejaría al pueblo como rehén. Se trata, en realidad, de la restauración conservadora con la misma soja al cuello pero con Hugo del Carril en la vitrola. El gobierno se recuesta sobre una estructura partidaria que parece garantizarle un piso electoral imprescindible, sin transitar por sendas en las que se podría vislumbrar un horizonte distinto. Comprender la carencia no significa aceptar la solución como la única posible. Es, más bien, anticipar los costos a pagar.

Son temas que es necesario revisar. La dignidad de un proyecto social de cambios requiere que sus apoyos surjan convencidamente de llamados a las vertientes sociales, productivas y culturales que esperan participar en un movimiento que pueda gobernar en medio de desafíos fundamentales y vencerlos innovadoramente.
Ese llamado aún no ha ocurrido aunque, como debe brotar de los pliegues críticos de la sociedad, es necesario encontrar en la sociedad civil el lenguaje y los argumentos para concretarlo. Un lenguaje sensible a una sociedad que se ha transformado y cuyas disidencias internas, sus polémicas públicas, no pueden ser explicadas sólo con la cartilla de las anteriores lecturas nacional-populares. El desafío es apropiarse de aquellas lecturas pero entramadas en una nueva y compleja realidad; de reencontrarse con los afluentes de una memoria de la justicia y la igualdad en el contexto de inéditos saltos al vacío del capitalismo actual. Es bajo esta perspectiva que reconocemos la trascendencia de lo abierto en mayo del 2003 y que no olvidamos las enormes dificultades que existían y que todavía persisten para construir un proyecto democrático y popular. Algunas izquierdas, como lo han hecho repetidamente, no atinan a dar cuenta de la singularidad de los acontecimientos.
Es hora de entrelazar miradas, perspectivas, tradiciones y biografías diversas que comparten el ideal emancipatorio, intuyendo que la hora argentina reclama una fuerte toma de partido que sea capaz de enfrentar la restauración conservadora.

No queda mucho tiempo para ello. Pero reconocer las dificultades no implica bajar los brazos. Las consecuencias de un triunfo de la coalición conservadora pueden ser graves, pero este documento quiere ser de esperanza y de reagrupamiento en la lucha. Veamos: en la Ciudad de Buenos Aires está en curso una experiencia. La gobierna una derecha que con remozada gestualidad despliega destructivos ataques a las instituciones públicas de la ciudad, rastrilla las calles con anteojeras represivas y no desdeña ocasión de borrar aquello que otros pensamientos políticos habían inscripto en la vida estatal. Gobierna esa derecha por su capacidad de seducir a un electorado dispuesto al festejo de fórmulas abstractas que (ilusoriamente) resolverían problemas complejos. Pero el progresismo porteño aún merece una revisión crítica y el gobierno nacional el cuestionamiento de su escasa reflexión sobre la peculiar sensibilidad cultural y política de la ciudad. Cuando algo permanece intratado, cuando no se lo considera en su especificidad, es arrojado a un trato consignista, abstracto, reactivo. Campo fértil para las derechas, con sus maniqueísmos excluyentes.
Por eso, se arriesga demasiado cuando se trata con categorías deseñosas a una ciudadanía que puede ser complaciente y superficial, pero en ocasiones, además, díscola y crítica. También el riesgo es altísimo cuando se renuncia a considerar ciertos temas, como el de seguridad, por lo que arrastran de amenaza. Las grandes ciudades argentinas, escenarios y protagonistas de luchas emblemáticas de la historia nacional (desde las huelgas de la Semana Trágica o la Reforma universitaria hasta el Cordobazo; desde el 17 de octubre o la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre hasta las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001), esas mismas ciudades han sido permeables al discurso neoliberal. Pero las ciudades anteriores persisten.

Tradiciones culturales y memorias comunitarias subyacen a la espera de una invocación política que las reavive y contenga. Nadie es dueño de la conciencia de los millones que viven, sueñan y despotrican en estas urbes. La crisis puede ser oportunidad de reabrir esa historia y para considerar los núcleos potentes de las luchas urbanas actuales: la confrontación contra la precarización del trabajo y el desempleo, el enfrentamiento contra las añejas pero actualizadas formas de opresión a las mujeres, para nombrar sólo algunas. No damos por perdida esa apuesta por arrebatar las ciudades de sus cautiverios mediáticos y sus temblores restauradores.
Cuestiones vitales como el modelo energético, el régimen de entidades financieras, el transporte ferroviario y fluvial, la explotación minera, requieren formas de desarrollo viables que no acepten fáciles composiciones con empresas transnacionales que no tienen hipótesis de preservación ambiental ni se componen con un modelo económico nacional autónomo. Es necesario actuar con criterios eficaces en torno a crear opciones económicas democráticas, donde un pragmatismo inmediatista no sustituya un proyecto más profundo de economía distributiva, proteccionismo democrático, urbanismo integrador e inclusivo y ordenamientos normativos que impidan la rapiña de recursos. Esto requeriría de instituciones estatales con capacidad de desplegar políticas públicas, con efectiva llegada a todo el territorio nacional. Pero sabemos que, si entre los méritos del ciclo abierto en el 2003 está el de resituar la importancia del Estado, también es claro que el realmente existente no está a la altura de esa relevancia.

Se han desplegado, sin embargo, considerables apoyos a los compromisos científicos sustantivos, expandiendo la investigación, los presupuestos a ella destinados e incentivando la innovación intelectual en la vida social productiva. En este mismo itinerario, queda pendiente la renovación de las fuentes de la reflexión crítica sobre estas materias, sin esquematismos ni fervores momentáneos que demoren el encuentro de los grandes núcleos de acción intelectual creativa en torno a la ciencia, el arte, el urbanismo, los medios de comunicación, el lenguaje, el diseño y las tecnologías. La creación del Ministerio de Cultura de la Nación, capaz de articularse con el de Ciencia y Tecnología, permitiría pensar la inteligencia y la creatividad sociales en conjunto, no como secciones estancas de acciones nómadas.

Por todo esto, llamamos a ejercer el derecho de crítica autónoma dentro de un gran campo de apoyo a los aspectos realizativos que ha encarnado el gobierno nacional. El momento lo reclama. No somos partisanos de una axiomática y binaria contradicción fundamental, aún cuando reconozcamos que las situaciones críticas conllevan, a nuestro pesar, un borramiento de matices. Debe haber distintas variantes y situaciones para los pensamientos críticos. Pero tampoco el gobierno es ese manojo irreversible de contradicciones obtusas que a diario nos propone la vasta maquinaria mediática que lo envía al patíbulo en miles de minutos diarios de televisión, acudiendo a las doctrinas ubicuas del escándalo y el odio, en uno de los momentos más graves de irracionalismo asustadizo y de no tan encubiertos racismos que haya vivido la sociedad argentina contemporánea. Esa ofensiva de una derecha agromediática que no deja nada por tocar ni ensuciar, que corta rutas y agita conspiraciones, nos persuade de la decisiva importancia que adquiere no solamente la defensa de la legitimidad democrática sino, más hondo y grave, del decisivo entrelazamiento de un proyecto popular con el destino del gobierno. Desatar el nudo que une ambas perspectivas constituye un error cuyo costo puede ser desmesuradamente elevado; imaginar que la caída de lo inaugurado en el 2003 puede ensanchar el horizonte popular y nacional es no sólo una gigantesca quimera sino una perturbadora irresponsabilidad histórica de los que todavía no comprenden el carácter y la dimensión del peligro restaurador.

La restauración tiene sus antenas y tentáculos preparados para aprovechar los deficientes reconocimientos mutuos que hemos tenido entre aquellos que en el pasado compartimos horas decisivas para constituir una fuerza popular transformadora desde distintas vertientes de la historia argentina. Llamamos entonces a que consideren favorablemente estas ideas, precisamente los compañeros de las izquierdas, de las corrientes nacional-populares, de los libertarismos, de los autonomismos y de los socialismos. Es imprescindible que sigan realizando observaciones críticas a las que siempre les otorgamos credibilidad, pero también les proponemos que las integren a un seno común aunque heterogéneo de opiniones situado ante la urgencia de oponerse a la restauración conservadora. Pero no menos imprescindible es que se constituya una gran fuerza autónoma que recorra las diversas experiencias de transformación social y las devuelva a la esfera pública de un modo movilizador, renovado y creíble. Allí radica una de las apuestas sin la que resulta casi inimaginable la profundización popular de un proyecto democrático que vino a renovar las lenguas políticas en un tiempo dominado por las clausuras y las desesperanzas.

Llamamos a actuar contra la restauración conservadora de un modo creativo, inhibiendo su diseminación con argumentos sutiles y masivos, que pongan en evidencia su auténtica impostura, su anacronismo y la amenaza que suponen a cualquier forma de redención social, defendiendo los aspectos progresivos de la actual situación y haciendo explícitas las reservas, a modo de un necesario reencaminamiento de las acciones políticas populares. Llamamos a no dejarnos sorprender por el clima de desprecio que crean los operadores de una crisis anunciada, que es el ensueño de las viejas fuerzas del Orden con pañuelito de seda al cuello, gozando ahora de la masividad mediática con que instalaron el partido del miedo.
Llamamos a retirarnos de la quietud y a no quedar atados al comprensible malestar por los enredos que poseen muchos de los recorridos políticos de la hora. Porque la aparente claridad de los restauradores traerá al país los capítulos ya conocidos de la pasividad cívica, el descompromiso con el trabajo colectivo, la mediocridad política y el predominio de los círculos áulicos que operan en el servicialismo a los más oscuros poderes imperiales, cuyo resultado previsible es la multiplicación de la desigualdad, su marca más auténtica.

En estos meses, se desplegará una contienda electoral que tendrá mucho de plebiscito respecto de las políticas gubernamentales, que en algunos casos presentan deficiencias pero que configuran acciones reparatorias para una sociedad dañada. Las rutinas electorales –con sus desfiles de espantajos y sus diatribas mutuas- serían insufladas de otro entusiasmo si se las dota de un carácter programático. De un programa en el que la defensa de los humanos, la consideración de la seguridad sin reduccionismos represivos, políticas de retención de las rentas extraordinarias, estrategias de apoyo a la producción, proyectos educativos que promuevan sujetos autónomos e inclusión social, políticas de salud enraizadas en las vastas necesidades populares, la profundización de la integración regional, la preservación ambiental (incluidos los glaciares) no puedan ser expurgados ni menoscabados. Por otro lado, también se estará debatiendo una de las más radicales medidas de distribución cultural: una ley que impulsa la democratización del sistema de medios de comunicación. El proyecto, surgido de intercambios y consultas, estará recorriendo los vericuetos del debate en la sociedad civil antes de su trato parlamentario. No serán, no son, tiempos fáciles, portan una nitidez casi dolorosa y exigen renovadas pasiones. Muestran que no hay para el pueblo argentino “salida ordenada” contra la restauración conservadora.
¡Profundicemos los cambios! Ese es nuestro llamado.

(marzo de 2009) - Click acá para adherir a este documento.

martes 17 de marzo de 2009

Algo parecido a la apología del delito

Por Emilio Ruchansky


Pedir la pena de muerte en la Argentina podría considerarse como una apología del delito. Ya lo advirtió ayer Carmen Argibay luego de una semana de altisonantes reclamos en favor de la pena capital: “Están pidiendo que se viole la Constitución nacional”. Casi en simultáneo a estos dichos de la jueza de la Corte Suprema de la Nación, la suegra del preparador físico Hernán Landolina, asesinado el martes, convocaba a una marcha con esta consigna: “Si no nos arremangamos, no vamos a lograr nada. El pueblo tiene que salir a la calle. Hoy yo pido la pena de muerte”. Página/12 consultó a especialistas de distintas disciplinas para entender cómo se instaló esta idea, que resurgió días atrás cuando Susana Giménez dijo que “el que mata tiene que morir”, refiriéndose a los delincuentes que asesinaron a su decorador de confianza.

“El melodrama siempre está presente. Esa escena, la de Susana Giménez caminando y diciendo lo que dijo, es difícil de lograr. Y los medios aprovecharon para instalar el tema como algo definitivo”, explicó ayer el semiólogo Raúl Barreiros. “Lo de ella es la clásica postura facha de ‘protejo lo mío’. La única posibilidad es mirarlo desde ahí, porque Susana Giménez puede tener un corazón facho, pero no tiene un aparato ideológico para sostener lo que dice”, agregó Barreiros, docente de la Universidad Nacional de La Plata.

Claro que este especialista no olvidó un dato de la diva que parece haberse escapado en los programas de chimentos: “Esa mujer, la más popular de la Argentina, es valiente. Estuvo con Monzón cuando ninguna figura salía con boxeadores. Supo manejarlo y se fue a tiempo, antes de que Monzón asesinara a Alicia Muñiz. ¿Cuando ocurrió este asesinato pidió la pena de muerte? No. ¿Y por qué lo pide ahora? Porque está en contra del gobierno”. Lo que sigue, según Barreiros, es la manipulación mediática de un miedo preexistente.

“En otro momento no hubiera pasado nada, pero hay una clara intención política. Este tema ya se intentó instalar 6 o 7 veces el año pasado”, aseguró el semiólogo. Su conclusión es que se corre peligro de que “uno se convierta en el otro”. El otro roba y mata porque “se está vengando del maltrato social” y las víctimas también sufren el maltrato. De vengarse, la situación tomaría forma de espiral. En medio queda la policía, en papel ambiguo. “Si hay alguien que tiene más posibilidades de convertirse en chorro es el policía, por la cercanía con el delito”, advirtió el semiólogo.

Para María del Carmen Verdú, abogada de la Correpi, al pedido de pena de muerte lo subyace un tema socioeconómico. “Estos son círculos recurrentes. Cada vez que en el horizonte se avecinan conflictos sociales, aparecen estos impulsos: se pide endurecer el sistema penal, bajar la edad de imputabilidad o imponer la pena de muerte”, repasó Verdú. Estos reclamos, que ella enmarca en los discursos de la inseguridad, “buscan generar consenso para utilizar los aparatos represivos del Estado, para garantizarlos”.

En este sentido, la abogada pone el reclamo en el marco de la crisis mundial. “No es casual que esto ocurra mientras hay despidos y suspensiones”, dijo Verdú, en referencia a la posibilidad del uso indiscriminado de la fuerza pública en caso de que emerjan las protestas de los sectores más postergados. Bajo su óptica, ya no importa que haya sido Susana Giménez quien haya disparado el tema. “Habría que revisar lo que dijo el sindicalista (Diego) Ibáñez cuando le mataron al hijo o el propio Blumberg, que pidió la pena de muerte y después se echó atrás cuando se supo que había policías involucrados en el secuestro...” El criminólogo Elías Neuman calificó de “misterioso” el surgimiento de este debate, luego de repasar una larga lista de países (entre ellos Francia y Brasil) que llevan ya siglos o décadas con la pena de muerte abolida. “No me parece que se haya abierto una discusión entre especialistas a favor y en contra, una polémica entre tirios y troyanos –afirmó Neuman–; en todo caso, lo que parece es que hay manifestaciones de gente que en su actividad tiene mucha recepción social, con mucha llegada y con impacto en los medios.”

El pedido de pena de muerte, explicó el experto, no emerge de la reflexión, sino del sentimiento o de confundir justicia con venganza. “Me pregunto cuánto tiempo el feroz sistema neoliberal necesita explotar los miedos de la sociedad”, inquirió Neuman. “Es cierto que los delitos urbanos crecen y dan miedo, pero ampliarlos como se los está ampliando, ¿no será una manera de no ver los delitos económicos o de corrupción?”. La constante repetición de los hechos delictivos en la televisión, para este criminólogo, no es más que un “terrible telón de miedos”.

Sobre el final de la charla con Página/12, el especialista recordó que alguna vez el ex presidente Carlos Menem armó un proyecto para instalar la pena de muerte y lo envió al Congreso. Allí tuvieron que explicarle lo que ayer advirtió la jueza Carmen Argibay: “Nuestro país tiene incorporado a la Constitución el Pacto de San José de Costa Rica que impide que se ponga la pena de muerte en un país donde no existe la pena de muerte. Es decir que está prohibida. No es una pena previsible y posible en la República Argentina”.

Neuman insistió en la idea de que la gente que pide esta pena lo hace intuitivamente, pero “el Estado no puede enseñar a no matar matando”.





(Raúl Barreiros es investigador en medios masivos audiovisuales especializado en semiótica. Profesor de la UNLP, la UNLZ y la Universidad de San Andrés. Dictó postgrados en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), UNLP, Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA), Institutos Nacional y Provincial de Administración Pública, entre otros.)

miércoles 4 de febrero de 2009

Los aliados posibles y el enemigo principal

Por Norberto Galasso - Historiador y ensayista.

Días atrás, se publicaron en este diario notas de opinión de Hugo Barcia y Alcira Argumedo referidas a declaraciones de Pino Solanas donde responsabilizaba por la mortalidad infantil no sólo al Gobierno, sino también a “cómplices, mentores intelectuales, etc.”, entre los cuales se hallaría el grupo Carta Abierta. Alcira no refutó las apreciaciones correctas de Barcia sobre la mortalidad infantil, sino que fundamentó el furibundo antikirchnerismo de Proyecto Sur en siete puntos, entre los cuales los puntos 2, 3, 4 y 6 corresponden a uno solo: la política del Gobierno respecto a los recursos naturales; el punto 1 se refiere al Tren Bala, proyecto que puede considerarse frustrado, el 4 al blanqueo de capitales y el 7 a la prórroga de las licencias a los medios de comunicación. Además, ratificó las críticas de Pino a Carta Abierta. Estas posiciones no son nuevas en Proyecto Sur: en La Nación, Pino ha señalado que “Kirchner es un traidor a la patria e hipotecó el futuro” (29/9/2007), en Perfil sostuvo que “Kirchner continúa a Menem” (23/5/2007) y últimamente calificó a este gobierno de “antinacional y antipopular”. Si esto lo pregonasen Altamira, Ripoll o Alderete, no escribiría estas líneas pues la izquierda abstracta, liberal o antinacional, como se la quiera llamar, se ha especializado, desde Yrigoyen hasta hoy, en ser funcional a la reacción, en nombre del socialismo y sólo la izquierda nacional ha sabido comprender a los movimientos nacionales cabalgando a su lado mientras intentaba mantener su independencia política, ideológica y organizativa, aunque también allí hubo claudicaciones como la de Ramos frente al menemismo. Pero como estas críticas (confundiendo al posible aliado con el enemigo principal) provienen de compañeros con los cuales hemos transitado caminos de lucha, como en el frustrado Proyecto Sur de 2002/03, alguien que pertenece a las bases de Carta Abierta, orienta la Corriente Política E. S. Discépolo y dirige el periódico Señales Populares, se ve obligado, con el dolor que provoca criticar a antiguos compañeros, a intervenir en la polémica.

A las críticas de Alcira, podemos oponer:

1) La avanzada política de derechos humanos del kirchnerismo.

2) La avanzada política latinoamericana que contribuyó a hundir el proyecto del ALCA, que desde el Unasur contribuyó a evitar el golpe de Estado en Bolivia y que ha logrado la simpatía y apoyo de Chávez y Fidel, quienes, según parece, saben algo de imperialismo y cuestión nacional.

3) La depuración de la Corte Suprema de Justicia con la incorporación de figuras de capacidad y conducta incontrovertible.

4) El recupero de los aportes previsionales al tomar las AFJP, dando un fuerte golpe al poder financiero.

5) La reconversión de una economía de especulación por un modelo productivo que permitió una importante disminución de la desocupación y la pobreza.

6) El intento de redistribuir el ingreso a través de la Resolución 125, afectando la renta agraria diferencial, en el mismo sentido que lo hizo Perón en el ‘46 a través de los tipos de cambio selectivos. (En este caso, no vale el argumento de Alcira acerca de la votación de Lozano, pues la AFIP (resolución 1898/2008) inició acción contra las grandes exportadoras por los 1700 millones de pesos evadidos (El Cronista, 22/1/2009). Y aun cuando no lo hubiera hecho, esto obligaba, por lo menos a la abstención y no a ser cobertura de izquierda de la nueva Unidad Democrática que están conformando Carrió, Morales, López Murphy y otros.)

7) El recupero del rol del Estado: en Correos, Aguas, transporte aéreo, astilleros, algunos ramales ferroviarios, proyecto de tomar la fábrica de aviones de Córdoba y el canal Encuentro.

El kirchnerismo es pues todo esto y es también buena parte de lo que dice Alcira, como ocurre normalmente con los movimientos nacionales en gestación, policlasistas, contradictorios, clientelistas, pragmáticos, conciliadores, con “amigos del poder” que hacen negocios. ¿Se lo tenemos que decir nosotros, desde la izquierda nacional, justamente a los peronistas? Diría Jauretche, ¿dónde se ha visto que los hijos enseñen a los padres cómo se hacen los hijos? ¿Qué hubiera hecho Pino cuando Perón se negó a expropiar a la corrupta y recorrupta CADE? ¿Hubiera dicho que era “un gobierno antinacional y antipopular”? Claro, desde la izquierda abstracta es fácil decir, ¿por qué Perón no desarrolló fuertemente la minería?, ¿por qué apenas dio el puntapié inicial con Somisa cuya primera colada es de la época de Frondizi? ¿Y el contrato petrolero con la California? ¿Habría dicho acaso: “¡Qué antinacional y antipopular es este Perón!”? Pino dice en otro artículo: “Perón no estaría hoy en el PJ”. Yo pregunto: ¿era mucho mejor el PJ del ‘54? ¿No había entonces “amigos del poder” que hacían negocios? ¿Quiénes eran Jorge Antonio y Silvio Tricerri? ¿O entonces resulta que Codovilla tenía razón siendo funcional al imperialismo para que sanease a la Argentina emporcada por los “negros peronistas” del ‘45?

Por otra parte, somos ya lechuzas demasiado cascoteadas para entrar en la moralina boba de la Carrió: la corrupción es intrínseca al capitalismo y cuando está la reacción en el poder disimula sus negocios con leyes a su conveniencia; cuando estamos los del pueblo algunos violan esas leyes y hacen sus negocitos. Pregúntenle a Chávez, que sabe de esto, como también de la clase media de Caracas escandalizada moralmente, aunque, igual que la nuestra, evade impuestos con toda naturalidad.

Por momentos me asombro, porque parece que hay que enseñarles peronismo a los peronistas. Ningún gobierno, decía Perón, cumple el 100 por ciento de los objetivos nacionales y populares, porque está el enemigo que también es fuerte. Cuando cumple el 50 por ciento o más ya el balance es favorable. Jauretche le decía a Jorge Del Río cuando se deslizaba a la oposición porque Perón no expropiaba la CADE: “Es importante, sí, pero usted no puede ver la historia por el agujerito de la cerradura de la CADE”.

El balance general es el que interesa. Escuchen esto mis viejos y queridos amigos: “Hay muchos actos, y no de los menos trascendentales por cierto, de la política interna y externa del general Perón que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa. En el dinamómetro de la política, esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de su conveniencia. No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país” (1947). No hace falta que te diga a vos, Pino, que hiciste recientemente una película sobre “los hombres que están solos y esperan”, que el autor es Raúl Scalabrini Ortiz. Por eso, como decía Jacques Prevert, es muy peligroso dejar que los intelectuales jueguen con fósforos porque, retomando a Jauretche, combatir lo bueno (“desgastando”, creando “clima destituyente”) puede significar que en vez de lograr lo mejor, sirvamos para que vuelva lo malo.

En esta Argentina de hoy hay que luchar para profundizar este proceso, cabalgándole al lado, marcando críticas, proponiendo soluciones superadoras, empujando, pero no atacando desde enfrente, presionando para que fracase, porque la única opción que hay hoy la conocemos y viene de lejos: Bullrich Luro Pueyrredón, Pinedo, Estensoro, López Murphy, Grondona, Anchorena, los grandes pulpos mediáticos... y el Tío Sam.

Por esta razón, Proyecto Sur debería sumarse a Carta Abierta en vez de arrojarle críticas y trabajar desde allí, para incorporar a la lucha a los sectores populares, para movilizar, exigiendo al Gobierno que profundice lo realizado, porque –y vuelvo a decir, me da vergüenza explicarlo a compañeros de larga militancia– aquí hay una cuestión nacional argentina y latinoamericana por resolver. Y estamos frente a una oportunidad como nunca tuvimos antes. Lo saben Fidel, Chávez, Evo, Correa y muchos otros y lo intuyen los pueblos. Quienes socaven este proceso –con planteos que desconocen la correlación de fuerzas existente– asumen una grave responsabilidad si se frustra esta gran oportunidad para ir dando pasos hacia una América latina unida y soberana, marchando en el camino del socialismo del siglo XXI.


lunes 26 de enero de 2009

Prensa política y lectores militantes

Hubo un tiempo durante el cual el periodismo era expresamente un medio de persuasión: los principales diarios de la Argentina estaban identificados con un partido político o se presentaban como defensores de una definida corriente de opinión. Así, en el país están o estuvieron el mitrista diario La Nación, el conservador La Prensa, el yrigoyenista La Época, el peronista Democracia, el socialista La Vanguardia, el anarquista La Protesta, el comunista Nuestra Propuesta, el nacionalista Azul y Blanco, y muchos otros. Quien leía cada uno de estos periódicos sabía cuál era la ideología y los puntos de vista de los redactores.

Esta convicción con información fue desplazada de a poco por la prensa con lógica empresaria. El objetivo es la maximización de ganancias, que convierte la noticia en mercancía informativa. Para que este sistema funcione, se basa en proclamar la objetividad, utilizar el sensacionalismo y presentar la independencia de posiciones partidarias. Parecen requisitos necesarios en la defensa de intereses económicos, en general de grupos concentrados, que usan la comunicación para legitimar su poder en la sociedad: ¿una política sin partidos, sin militantes... sin votantes? Un mundo de pasivos lectores, consumidores de la “verdad” cotidiana, anunciada como un oráculo, inapelable como una sentencia.

A veces, ése parece ser el rol que ejercen en varios países latinoamericanos algunos diarios y periódicos comerciales, que ocupan el lugar de los partidos políticos. Se llega al extremo de fabricar conflictos y líderes para encauzar la oposición, cuando ésta es muy débil o se encuentra desarticulada.

Claro que éste no es un fenómeno nuevo: antes del desembarco de fuerzas estadounidenses en Cuba durante la guerra con España de 1898, el magnate de la prensa William Hearst envió a La Habana a un periodista, quien le telegrafió lo siguiente: “No ocurre nada, todo está en calma, no habrá guerra, quisiera regresar”. Hearst le respondió: “Quédese, provéanos de ilustraciones, nosotros le suministraremos la guerra”.

En este contexto, es útil recordar la metodología sugerida por Harold D. Lasswell, quien a mediados del siglo pasado recomendaba analizar la función política real de los medios de comunicación con tres preguntas que contestar: “Quién dice qué, a quién y con qué efecto”. Veamos.

Quién dice. El primer punto se refiere a quién dice. En este sentido, sólo tienen acceso a la propiedad de los medios masivos de comunicación el Estado o aquellas empresas con suficiente poder económico como para poder editar un diario o un periódico, o instalar y hacer funcionar una estación de radio o de televisión.

No todos los ciudadanos de este país, por más buenas intenciones que tengan, pueden ser los dueños de un medio de comunicación: la igualdad de oportunidades frente a la comunicación masiva está, pues, falseada desde el origen.


Qué dice. El segundo elemento en la definición se refiere al contenido del mensaje. Aquí suele mezclarse la información con la propaganda. Es decir, se trata de “influenciar la acción humana por la manipulación de representaciones”, que pueden ser habladas, escritas, por imágenes o musicales. Para ello se utilizan los medios de publicidad más aptos para coordinar la conducta de grandes masas de población, lo cual puede hacerse cada vez con mayor eficacia dada la enorme difusión de los modernos medios de comunicación, en especial la televisión; por lo demás, se trata de medios que requieren una actitud pasiva de quien contempla las imágenes, al contrario del esfuerzo de imaginación que requiere la palabra impresa.

Este mensaje puede referirse a la más amplia gama de temas, desde los ideológicos hasta los políticos y comerciales. Sirve tanto para una campaña electoral como para vender un producto o para desgastar a un gobierno. Los problemas surgen con respecto a las cuestiones de fondo, cuando se falsea o deforma la información o se procura instalar profecías autocumplidas; y en las formas, cuando se quiere promover a un candidato con métodos que sirven para vender automóviles o desodorantes (hay circunstancias en las que el método determina el resultado... no todo da lo mismo).

A quién se dice y con qué efecto. El tercer factor de la metodología sugerida por Lasswell alude a los destinatarios del mensaje, que cada vez constituyen grupos más amplios. El éxito de la prédica transmitida por la publicidad se refleja en la adopción por los receptores de las actitudes o conductas preconizadas.

Informar quiere decir –de acuerdo con la definición del diccionario de la Real Academia Española– “enterar, dar noticia de una cosa”; pero para que el mensaje sea tomado como verdadero, debe atravesar el filtro de la ideología o de las ideas preconcebidas o prejuicios. Es común no enterarse de las informaciones que contradicen las propias convicciones; o que, si se aceptaran, plantearían graves problemas morales o políticos o de seguridad personal. Un ejemplo trágico de este hecho es el bloqueo mental con el que gran parte de la población argentina (en especial de su clase media) pudo ignorar la desaparición de personas durante el gobierno militar; o la propia desaparición del Estado durante los ’90.

Otra de las características fundamentales de los medios de comunicación es su capacidad para afirmar o diluir la identidad cultural de las naciones. Varios estudios acerca de la televisión muestran una disociación entre las necesidades de una cultura nacional deseable y la mayor parte del material que se emite, que en su mayor parte consiste en series violentas de procedencia extranjera, que ya están amortizadas en el país de origen y pueden venderse a bajos costos.

El fenómeno de transnacionalización de las actividades económicas y culturales afecta fuertemente a las identidades nacionales. El término de “industria de la información” acuñado por los economistas de la Universidad de Stanford, plantea claramente el predominio de lo económico por sobre lo cultural; si a ello se agrega la factibilidad de emitir mensajes que se reciben en todo el mundo, por encima de las fronteras, resulta la posibilidad de tratar los productos culturales de modo análogo a las exportaciones comerciales. De tal modo, no sólo se desdibuja la identidad cultural nacional, sino que a la vez se desinforma.

En conclusión, abandonada la función política de persuasión, la información aparece entonces como una mercancía más, resultado de sistemas de producción, distribución y consumo donde encontramos las mismas variables y categorías que en cualquier otra área de la actividad económica. Han sufrido las mismas consecuencias de la concentración y extranjerización del aparato productivo y han efectuado una “globalización” de lo comercial y lo político; el problema es que aquí se trata de la producción y de la distribución de ideas, de la visión de nuestra Nación y de nosotros mismos, así como también de las capacidades para alcanzar determinados objetivos.

Lo grave es que los propietarios de la información no lo dicen, y los consumidores suelen creerlo. Aboguemos entonces por una prensa política, que represente con claridad todas las opiniones, y por lectores militantes, que ejerzan sus convicciones.

por Eric Calcagno - Sur.

jueves 22 de enero de 2009

El encuentro con Cristina

La conversación duró 40 minutos, el intercambio de ideas fue intenso e interesante como esperaba. Es una persona de convicciones profundas. No hubo debates.

Cuando habló en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, respondía rápidamente las preguntas de los estudiantes mostrando talento y capacidad de respuesta.

En la Escuela Latinoamericana de Medicina el encuentro fue emotivo; los cantos de los estudiantes campesinos de origen Guaraní con música e instrumentos típicos de esa etnia, dieron un tono especial al acto. Le obsequiaron una bata médica, se la colocó encima del traje de chaqueta y pantalón naranja.

De la ELAM salió para conversar conmigo.

Al hablar de Estados Unidos le señalé la importancia histórica para Cuba de que ayer a las 12 del día habían transitado 10 presidentes a lo largo de 50 años, en los que a pesar del inmenso poder de ese país no habían podido destruir la Revolución Cubana.

Expresé que no albergaba personalmente la menor duda de la honestidad con que Obama, undécimo presidente desde el 1 de Enero de 1959, expresaba sus ideas, pero que a pesar de sus nobles intenciones quedaban muchas interrogantes para responder. A modo de ejemplo me preguntaba: cómo podría un sistema despilfarrador y consumista por excelencia preservar el medio ambiente.

Muchos otros aspectos de política nacional e internacional de Cuba y de Argentina fueron abordados.

La capacidad de Argentina de producir alimentos y productos industriales con tecnología avanzada son factores decisivos para su desarrollo. Mencionó la capacidad de ingeniería informática para comercializar en el mercado mundial, en países como la India de gran interés para ella, que es en cambio muy fuerte en la creación de programas.

A Cristina le gusta consagrarse al trabajo y dedicarle todo el tiempo. No obstante es capaz de proteger sus derechos cuando viaja a otro país, imponer un número de horas para hacer ejercicios y adaptarse, lo cual todos respetan.

Fidel Castro Ruz
21 de enero de 2009
6 y 30 p.m.


miércoles 14 de enero de 2009

Balance

Un balance necesario

Por Abraham Leonardo Gak - Profesor Honorario de la UBA.

Se cerró un año particularmente difícil. El conflicto por la apropiación de la renta agraria, la reestatización de las jubilaciones privadas y, por último, la irrupción de la crisis internacional, signaron el año tanto político como económico y social. Como un ejercicio saludable, se requiere analizar qué ha sucedido en materia económica durante los últimos seis años, a la luz de las propuestas presentadas por el Plan Fénix en 2001 y, en consecuencia, tener no sólo una mirada realista sobre el presente, sino la confianza acerca de cómo se debe encarar el nuevo año.

En septiembre de 2001 se presentó, dentro del Proyecto Estratégico de la Universidad de Buenos Aires “Hacia el Plan Fénix”, un grupo de propuestas para el desarrollo con equidad, partiendo de la crisis que eclosionó a fines del año 2001, en un proceso que tuvo como protagonista fundamental la ley de convertibilidad. Para ello, hemos elegido unos pocos índices que referencian su gravedad: el PBI había descendido casi el 12 por ciento; el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos llegó a los 5 mil millones de dólares en 2001; la deuda pública era cercana a los 130 mil millones de dólares y la privada, del orden de los 80 mil millones de dólares; las reservas internacionales del BCRA no llegaban a los 10 mil millones de dólares; los vencimientos externos comprometidos para el año 2002 representaban el 80 por ciento del total de las exportaciones, incluyendo intereses que ascendían al 55 por ciento de las mismas; la desocupación y la subocupación orillaba el 35 por ciento; el 43 por ciento de la población estaba bajo la línea de pobreza y la indigencia era del 17 por ciento; el trabajo informal, casi el 50 por ciento; y finalmente, la inversión directa no superaba el 12 por ciento del PBI.

Según la propuesta del Plan Fénix, las condiciones para lograr el desarrollo económico y social podían sintetizarse en un decálogo que se transcribe, intercalando una evaluación de los logros y las falencias del período que se analiza:

1 Estabilidad institucional y política

Acabamos de cumplir 25 años consecutivos de democracia. Se ha logrado la constitución de una Corte Suprema de Justicia que goza de reconocimiento generalizado por parte de la sociedad. El Parlamento ha recuperado una parte de su prestigio, fuertemente dañado por años de inoperancia. Queda mucho camino por recorrer, ya que el grado de participación de la comunidad en la gestión pública no ha podido encauzarse en el sistema institucional, más allá del ejercicio de la libertad de expresión y la participación regular en los actos electorales. De todos modos, no se deben minimizar los hechos de que los períodos de ruptura constitucional hayan quedado en el pasado, la sociedad se haya organizado en distintas instituciones que hacen oír su voz y los derechos humanos ocupen hoy un lugar predominante para la sociedad, que a pesar de la exasperante lentitud del juzgamiento de los responsables de los crímenes de lesa humanidad, constituyen junto con el histórico juicio a la cúpula militar un ejemplo que muy pocos países pueden exhibir. Se deberán generar metodologías que aseguren la transparencia en la gestión tanto gubernamental como privada, aventando sospechas de corrupción y clientelismo.

2 Aumento del empleo e incorporación de la fuerza de trabajo al proceso de crecimiento como requisito de integración del tejido social

El crecimiento de puestos de trabajo, de más de tres millones, es un dato relevante que no debe ser subestimado, pues es imprescindible en el proceso de mejora en la distribución del ingreso. Queda por enfrentar el nivel de remuneraciones, la calidad del empleo y una batalla aún no ganada para eliminar el trabajo no formal e infantil. Conviene recordar que a raíz de la devaluación de 2002, sectores de clase media, media baja y desocupados, y gran parte de jubilados, perdieron buena parte de su capacidad de consumo, siendo en consecuencia, una vez más, los grandes perdedores de la crisis.

3 Funcionamiento eficiente y competitivo de los mercados de bienes y servicios, financieros y reales

La coordinación entre la función del Estado y la presencia del mercado requiere un equilibrio nada fácil de lograr. Hasta ahora, la actividad privada ha obtenido gran rentabilidad, habiéndose apoderado de la mayor parte de los frutos del crecimiento. A medida que el Estado recupere su capacidad de regulación y gestión, se podrán encarar acciones que tiendan a equilibrar la participación en el producto bruto del sector de capital y del trabajo. Esta relación ha mejorado, se puede decir levemente, pero queda un gran trecho por recorrer para llegar a guarismos que la Argentina había alcanzado en otros tiempos. Si bien, a partir del primer trimestre de 2007, el Indec ha dejado de publicar las bases de la Encuesta Permanente de Hogares, los datos disponibles permiten estimar una pobre modificación en la relación entre los deciles más pobres y los de mayores ingresos. En general, se puede decir que los sectores que más han progresado son los medios, es decir los de clase media y media alta.

4 Equilibrios macroeconómicos sólidos sobre la base de altas tasas de ahorro interno e inversión, financiamiento genuino del sector público, competitividad internacional, reducción drástica del déficit crónico de la cuenta corriente del balance de pagos. Esto requiere, entre otros requisitos, la búsqueda flexible de precios relativos consistentes con el mantenimiento del poder adquisitivo y el equilibrio externo y una baja tasa de inflación

El mantenimiento en línea de las variables macroeconómicas –tanto fiscales como externas y reservas de divisas– aseguran el cumplimiento de las condiciones requeridas para un despegue ordenado de la economía. La renegociación exitosa de la deuda externa, y una política cambiaria que permite desarrollar la competitividad internacional son el resultado de la consistencia de las políticas hasta ahora desarrolladas, a las que se debe agregar la mejora de los términos del intercambio. El régimen de retenciones contribuyó a este equilibrio esencial. El proceso de acelerada inflación que ha tenido por origen, principalmente, las políticas de precios desarrolladas por las empresas, en un contexto de enorme concentración y extranjerización, no pudo ser controlada por el Gobierno, quien firmó numerosos acuerdos de precios con las mismas, incumplidos en su mayoría, y terminó optando por una grosera intervención del Indec, con la manifiesta intención de manejar la información estadística, decisión política que sólo trajo inseguridad y no modificó las expectativas de los agentes económicos.

5 Competitividad de la producción nacional, limitando el endeudamiento externo a la capacidad de generación de divisas e inversiones privadas directas en actividades transables que, como mínimo, mantengan en equilibrio sus operaciones en divisas

El proceso de inversión basado sobre el ahorro interno ha contribuido en forma fundamental al desarrollo industrial; en el período que nos ocupa, ha pasado de menos del 12 por ciento a cerca del 24 por ciento del PBI, dato relevante pues no sólo es un índice no alcanzado en los últimos 25 años, sino que nos ubica en un lugar destacado en el mundo por la inversión directa versus PBI. Esta circunstancia, unida a una relación cambiaria favorable a los precios externos de nuestra producción primaria y a la participación creciente de las exportaciones industriales, ha contribuido a sostener un crecimiento del total de exportaciones por encima del doble de las existentes en 2002. La caída de los altos precios internacionales de la producción primaria ha modificado el escenario, de modo que habrá que compensar la situación con un mayor volumen en producción exportable, con la búsqueda de nuevos clientes y sobre todo con un incremento de las exportaciones de origen industrial. Mientras tanto, habrá que limitar la importación de bienes de consumo y ejercer un severo control de los movimientos de divisas.

6 Incorporación generalizada y continua del cambio tecnológico en todo el sistema económico y social, participando de las corrientes dinámicas del comercio internacional, compuesta por bienes y servicios altamente diferenciados

La creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y el crecimiento de producción local con fuerte presencia científica y tecnológica indican la voluntad de encarar transformaciones productivas en ese mismo sentido. Queda por delante lograr la incorporación activa de las universidades y la ampliación de políticas públicas dirigidas a ese fin, proveyéndolas de los recursos pertinentes.

7 Presencia de un Estado que asegure el desarrollo nacional, la equidad distributiva y el bienestar

Es evidente que el Estado ha asumido responsabilidades en este sentido, pero el mantenimiento de índices que marcan diferencias inaceptables en materia de distribución del ingreso, sobre todo para los sectores más desprotegidos, indica que aún no se ha avanzado significativamente en la equidad. Desde luego que la universalización del beneficio jubilatorio es un paso distributivo en la buena senda. Aunque en el discurso oficial está presente el tema en forma permanente, los problemas en materia de empleo no registrado, trabajo infantil y un sistema tributario regresivo mantienen esta situación como una asignatura pendiente. Resulta fundamental insistir en que enfrentar las consecuencias de la crisis internacional no debe dejar de lado la necesidad de desarrollar políticas activas en materia de educación y salud. El sistema educativo no sólo requiere una reforma integral, desde los jardines maternales hasta la universidad, sino también enfrentar el desafío de la incorporación masiva de nuevos estudiantes, con sus requerimientos de infraestructura moderna, becas y número importante de nuevos docentes, jóvenes y capacitados.

8 Soberanía monetaria, cambiaria y fiscal, dentro del contexto de la economía internacional

En esta materia, la Argentina ha recuperado el comando de su propio destino. Se podrán discutir distintos aspectos de esta política, pero no cabe ninguna duda de que el avance ha sido sustantivo. Las asignaturas pendientes se conocen, en particular en materia fiscal, ya que la reforma tributaria es reclamada por vastos sectores sociales. Hemos aprendido también que la función principal de un Banco Central no debe ser la de fijar pautas de inflación, sino contribuir al pleno empleo y al bienestar general.

9 Existencia de mercados de capitales financieros al servicio de la producción y el comercio

No se ha logrado aún que el sistema financiero sea considerado como un servicio a la producción y no un objetivo en sí mismo, actuando con demasiada independencia y fijando libremente sus ratios de rentabilidad. La reforma de la ley que regula el funcionamiento de las entidades financieras es de absoluta prioridad, pues de otro modo no se podrá encauzar al sector para el cumplimiento de sus funciones en un país democrático y moderno.

10 Desarrollo de concepciones arraigadas en la realidad nacional y orientadas a dar respuestas a los desafíos y oportunidades de la economía mundial

A la luz de los acontecimientos mundiales, hoy más que nunca el país deberá confiar en las fuerzas endógenas que en las situaciones anteriormente descriptas han podido generar cambios significativos en el pensamiento nacional. Se debe pensar en qué forma integrarnos en un gran bloque regional, superando las asimetrías que nuestros países presentan. Será un esfuerzo necesario para abroquelarnos y poder enfrentar los desafíos a que nos retarán desde los países centrales. Esto supone, asimismo, consolidar un mercado interno que tenga una participación creciente en el sistema productivo.

Se puede ahondar en las diferencias, errores y malas decisiones en las que, en lo cotidiano, incurre el Gobierno. Pero la obligación sigue siendo la de contribuir a mejorar la gestión y no la crítica cerril que tras objetivos políticos menores, socava la posibilidad de generar, en común, los pasos imprescindibles para enfrentar un escenario difícil e imprevisible. Consensos imprescindibles para enfrentar un escenario difícil e imprevisible. Desde luego que desde el gobierno se debe contribuir a tal fin. Desde su primer documento, el Plan Fénix ha insistido en la necesidad del consenso para acordar un Proyecto Nacional que fije las grandes líneas estratégicas de mediano y largo plazo de la nación.

Tenemos la gran oportunidad, en que asentados sobre nuevos paradigmas, se pueda entre todos construir un país que ofrezca a las nuevas generaciones un futuro con posibilidades para hombres y mujeres libres.


miércoles 7 de enero de 2009

El discurso reaccionario

La oposición sigue una línea coherente: combate toda medida progresiva
Por
Eric Calcagno.

Se trate de acciones en el campo político, económico o social, todo acto de gobierno es descalificado de inmediato por la oposición, con la amplia repercusión que otorgan los medios de comunicación dominantes. Este discurso tiene intenciones a veces “desgastantes”, otras “destituyentes”; adopta las formas de la anécdota para denigrar políticas de fondo, pero sobre todo sigue una metodología coherente.

En efecto, basta que avancemos con la recuperación de Aerolíneas, la nacionalización de los fondos de las Afjp o el conjunto de medidas económicas contra la crisis internacional, para escuchar que tendrán resultados desastrosos, son inútiles o apuntan a transformar estructuras tan sólidamente establecidas que pasarán como la hojarasca.

Encontramos aquí la distinción ya clásica realizada por Albert O. Hirschman en 1991, cuando publicó Dos siglos de retórica reaccionaria. Relata allí cómo pensadores y fuerzas políticas de ideas retrógradas, combatieron contra tres conquistas del progreso: la revolución francesa, el sufragio universal y el Estado de bienestar. Se descalificaba cada una de esas conquistas mediante tres argumentos recurrentes: su efecto perverso, su inutilidad y la puesta en peligro de logros anteriores.

Hay que reconocer que en los dos siglos de pensamiento reaccionario que cita Hirschman estaban en juego las diferentes concepciones de la sociedad y de la historia. Se discutían temas políticos y filosóficos. No se mezclaba el odio a gobiernos o personas, por lo menos en el razonamiento. En la Argentina, por desgracia, muchas veces no ha sido así y menos aún lo es ahora. En el ejemplo de Hirschman sobre la negación del sufragio universal, la razón reaccionaria partía de un concepto elitista de la política (las minorías ilustradas tienen razón y el pueblo ignorante se equivoca). En cambio, en la Argentina, cuando se otorgó el voto a la mujer, grupos políticos que durante decenios habían peleado por esa conquista, se opusieron porque quien promovía el proyecto era Eva Perón. Algo parecido ocurrió con la ley de divorcio sancionada por iniciativa de Perón.

En ese contexto, estas actitudes no tienen nada que ver con los argumentos de los auténticos reaccionarios. Los críticos locales no llegan a Burke, Mosca ni Hayek. Descendieron de la discusión sobre doctrinas, sentidos y finalidades a la lucha política inmediata, cuyo mayor argumento de persuasión parece ser la anécdota autorreferenciada. Ya no importa la orientación general ni el tipo de país al que se va o desea ir. No. “La consigna es desgastar al gobierno”: el apoyo o rechazo a un programa o una medida política es según la apoye o rechace el gobierno. Luego, no se discute tanto sobre el fondo, sino que se personaliza la cuestión política: es malo porque lo presenta tal o cual. Estas características pueden apreciarse en el discurso sobre algunos problemas políticos, económicos y sociales. Veamos.

Cuestiones de oportunidad. Aquí se manifiesta una característica del pensamiento reaccionario local, que consiste en privilegiar los problemas de forma sobre los de fondo. Cuando la oposición está de acuerdo con el fondo del problema o no existen argumentos de fuerza para contradecirlo, se cuestiona la oportunidad de la medida. Si el Gobierno actúa de inmediato, está mal “porque no es el momento de aplicar esa medida” o “porque debió haber sido más estudiada”. Si se demora, también está mal, “porque ese retardo empeoró la situación e hizo perder oportunidades”.

Problema de corrupción. Cuando no pueden defender lo indefendible, denuncian presuntos robos futuros, como lo hicieron con la adopción del sistema jubilatorio de reparto. Entonces reclamaron la “intangibilidad de los depósitos”; cuando se dieron cuenta de que el paradigma es otro, y que las jubilaciones se pagarán con los aportes de los trabajadores en actividad, y que no hay más depósitos en cuentas individuales, dijeron que se iban a robar la plata, con total ignorancia del sistema de controles establecido en la ley.

Cuestiones económicas. Sostienen la necesidad del superávit fiscal y denigran el mantenimiento de las retenciones a las exportaciones o la transferencia al Anses de los aportes jubilatorios “porque eso es hacer caja” (no explican cómo se hace para tener superávit fiscal sin recaudar. ¿Esperaremos algún divino maná?)

Si el Gobierno estatiza servicios públicos cuestionan el gasto y denuncian negocios. Y si quedan en manos privadas, protestan por la falta de inversión, que redunda en poca cobertura y mala calidad del servicio.

Con las tarifas de los servicios públicos, están en contra de su congelamiento porque disminuye la inversión de los concesionarios; pero al mismo tiempo se oponen a la suba de tarifas porque se perjudicaría a los usuarios.

Afirman que es indispensable integrarse al sistema financiero internacional y se oponen al pago al Club de París.

Reclaman el restablecimiento de la “confianza”; pero si el Gobierno tiene la del establishment lo acusan de antipopular; y si es el pueblo el que confía, es demagogia.

Temas políticos. Critican al Frente para la Victoria por la fortaleza del Partido Justicialista; y reprueban la transversalidad porque les quita partidarios. Critican la mano dura en la represión del delito porque es autoritaria; y se oponen al garantismo porque los delincuentes “entran por una puerta y salen por la otra”.

Apoyan los cortes de rutas de los terratenientes y están de acuerdo en que el Gobierno no reprima. Al mismo tiempo, se oponen a los cortes de calles de los piqueteros urbanos y reclaman la intervención policial.

Conclusiones. Para juzgar aspectos de la calidad institucional de la política argentina resulta interesante comparar a los reaccionarios serios referidos por Hirschman, con los reaccionarios locales que nos ofrece la Argentina contemporánea. En el caso de los reaccionarios filosóficos, su actitud política es el resultado de convicciones profundas y de posiciones políticas de fondo, por cierto en las antípodas del pensamiento nacional y popular. Representan el pensamiento de grupos sociales y políticos bien definidos. Son retrógrados, pero al menos tienen ideología y argumentos.

En cambio, nuestros reaccionarios locales practican un reaccionarismo de rebote. Como de lo que se trata es de contradecir y desgastar al Gobierno, no importan las opiniones. Resultan ser reaccionarios porque el Gobierno va en favor del progreso. Además, la mayor parte de los contradictores se siente cómodo en esa tarea porque coincide con alguna raigambre gorila.

Establecen así un relato reaccionario, del que surgen los argumentos en contra del gobierno. Lejos de la profundidad de los reaccionarios clásicos, han cambiado el concepto por la anécdota, la política por la estética, la prospectiva por la meteorología (huracanes, tempestades). Están fascinados por la fantasía negra de una crisis generalizada en la Argentina, tal vez para no sentirse tan solos en su experiencia histórica, rebajar al Gobierno nacional a la mínima legitimidad y aspirar de nuevo al poder, “ya que todos fracasamos”. Eso no sucederá: el discurso reaccionario local se encuentra limitado (desde hace varios meses ya), por las acciones del gobierno nacional.


viernes 2 de enero de 2009

50 años después

Y el mismo reto de hacer la Revolución

por Lázaro Barredo Medina - Gramma

"La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será más fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil."

Eso le dijo al pueblo de Cuba el Comandante en Jefe Fidel Castro el día de su entrada a La Habana el 8 de enero de 1959. Muchos no imaginaron siquiera el inmenso reto que les tocaría vivir.

Bastó que a los pocos días, Fidel comenzará a proclamar el derecho a la autodeterminación en las relaciones con Estados Unidos para que inmediatamente empezaran las agresiones, los intentos de atentados contra su persona y la irritación de los políticos norteamericanos, evidencia de lo cual son los discursos y artículos de la época, como lo prueba el editorial de la revista Time, vocera de los sectores más conservadores, bajo el título: "El neutralismo de Fidel Castro es un desafío para los Estados Unidos".

Ni neutrales podían ser los cubanos frente a Estados Unidos.

El triunfo de la Revolución aquel enero de 1959 significó para la nación cubana la posibilidad real, por primera vez en su historia, de ejercer el derecho de libre determinación. Desde ese momento ni el Presidente, el Congreso ni los embajadores de Estados Unidos pudieron mantener la capacidad de decidir lo que se podía o no se podía hacer en Cuba. Finiquitó la amarga dependencia por la cual los gobernantes norteamericanos y sus embajadores disponían de un poder muchas veces mayor para decidir cosas en Cuba, que el poder real que tenían para tomar decisiones dentro del gobierno federal de los Estados Unidos con respecto a cualquiera de los 50 estados que conforman la unión norteamericana.

Fue precisamente en ejercicio de este derecho que una vez conquistada la plena independencia nacional comenzó de inmediato la aplicación del programa anunciado por Fidel en el juicio del Moncada en 1953 y contenido en su histórico alegato La Historia me Absolverá.

Cuba estableció el régimen económico y social que consideró más justo y estableció un Estado socialista con democracia participativa, igualdad y justicia social.

La economía del país se caracterizaba por esta época por un escaso desarrollo industrial, dependiendo en lo fundamental de la producción azucarera y una economía agrícola concentrada en latifundios, donde los terratenientes controlaban el 75% del total de las áreas agrícolas.

La mayor parte de la actividad económica del país y sus recursos minerales eran regentados por capitales norteamericanos, los que disponían de 1,2 millones de hectáreas de tierra (una cuarta parte del territorio productivo), además de controlar la parte fundamental de la industria azucarera, la producción de níquel, las refinerías de petróleo, los servicios de electricidad y teléfono, la mayor parte del crédito bancario, entre otros. De igual modo, el mercado estadounidense acaparaba aproximadamente el 70% de las exportaciones e importaciones cubanas, siendo los volúmenes del intercambio comercial muy dependientes: Cuba, en 1958, exportaba productos por un valor de 733 millones de pesos e importaba por un monto de 777 millones.

El cuadro social imperante lo caracterizaba un alto grado de desempleo y analfabetismo, las situaciones precarias del sistema de salud, de la asistencia social y del estado de la vivienda de la mayor parte de la población, así como de abismales diferencias en las condiciones de vida entre la ciudad y el campo. Había una alta polarización y no equitativa distribución de los ingresos: mientras en 1958 el 50% de la población disponía sólo del 11% de los ingresos, un minoritario 5% concentraba el 26% de las rentas. Además, la discriminación racial y de la mujer, la mendicidad, la prostitución y la corrupción social y administrativa estaban muy extendidas.

La inaplazable solución a los problemas sociales y económicos más acuciantes de la sociedad cubana sólo podía asumirse con la libre disposición por el pueblo cubano de sus riquezas y recursos naturales, y así, al amparo de la Constitución, que fuera aprobada en 1940 y en correspondencia con las normas del Derecho Internacional, Cuba ejerció el derecho de disponer de esos recursos y asumió las obligaciones derivadas de ello, indemnizando a todos los nacionales de terceros países (Canadá, España, Inglaterra, etc.) con excepción de los nacionales de Estados Unidos, cuyo Gobierno rechazó las disposiciones cubanas y convirtió esta decisión del Estado cubano en un pretexto para desatar una guerra sin precedentes en la historia de las relaciones bilaterales entre dos naciones.

La Revolución no sólo entregó la tierra en propiedad a los campesinos, hasta entonces sometidos a condiciones semifeudales de producción y obligados a vivir en condiciones de extrema pobreza, sino que todos los recursos de que dispuso el país fueron dedicados al desarrollo económico de la nación y al mejoramiento de las condiciones materiales y de vida de la población. Para que se tenga una idea, sólo en la década de los 80, a la construcción de objetivos productivos y obras sociales fueron destinados aproximadamente 60 mil millones de pesos.

El proceso de industrialización llevado a cabo permitió el comienzo de la diversificación económica y productiva. Hasta el inicio de la crisis económica que con la desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista europeo entre 1989 y 1991, dimos en llamar Período Especial, en Cuba con la Revolución creció 14 veces la capacidad de producir aceros, seis veces la de cemento, cuatro veces la de níquel, diez veces la de fertilizantes, cuatro veces la de refinación de petróleo (sin contar la nueva refinería de Cienfuegos), siete veces la producción textil, tres veces la del turismo, por mencionar algunas. También se crearon ramas completas e industrias nuevas como la construcción de maquinarias, la mecánica, la electrónica, la producción de equipos médicos, la industria farmacéutica, la industria de materiales de la construcción, la industria del vidrio, la cerámica, entre otras, a lo cual se suman las inversiones que acrecentaron y modernizaron las industrias azucarera, alimentaria y ligera. A ese esfuerzo se suman el desarrollo de la biotecnología y la ingeniera genética y otras ramas científicas.

El país también hizo esfuerzos en el mejoramiento de la infraestructura. La generación eléctrica creció más de ocho veces; la capacidad de agua embalsada aumentó 310 veces, de 29 millones de metros cúbicos en 1958 hoy supera los 9 000 millones de metros cúbicos, hubo una diversificación de carreteras y autopistas, modernización de los puertos y otros. Las necesidades sociales fueron bastante cubiertas, salvo en la vivienda que ha sido el gran problema cubano.

El progresivo crecimiento y diversificación del potencial productivo y la aplicación de un vasto programa social permitieron afrontar la solución del problema del desempleo. En 1958, con una población de 6 millones de habitantes alrededor de una tercera parte de la población económicamente activa estaba desempleada, de ella el 45 por ciento en las zonas rurales, mientras que de unas 200 mil mujeres empleadas, el 70% lo hacia en labores domésticas. Hoy, con 11 millones de habitantes, el número de personas ocupadas supera los 4,5 millones. Más del 40 por ciento de los trabajadores son mujeres y ellas representan hoy más del 60 por ciento de la fuerza técnica y profesional del país.

En 1958, la cifra de analfabetos y semianalfabetos alcanzaba a dos millones de personas. El promedio de nivel escolar entre los mayores de 15 años no sobrepasaba el tercer grado, más de 600 mil niños carecían de escuelas y el 58 por ciento de los maestros no tenían empleo. Sólo el 45,9% de los niños en edad escolar estaban matriculados y la mitad de ellos no asistía a clases, logrando terminar la enseñanza primaria solamente el 6% de los niños matriculados. Las universidades apenas tenían capacidades para unos 20 000 estudiantes.

La esfera educacional recibió una inmediata atención del Estado revolucionario. Lo primero que se desarrolló fue una masiva campaña de alfabetización con la participación de la población. Se construyó una extensa red de escuelas en todo el país y más de 300 mil maestros y profesores se desenvuelven con pleno empleo en ese sector. El promedio de nivel escolar entre los mayores de 15 años es de noveno grado. El 100% de los niños en edad escolar matriculan en las escuelas y el 98% culmina la enseñanza primaria y 91% la secundaria. Uno de cada 11 ciudadanos es graduado universitario y uno de cada 8 habitantes en la Isla tiene nivel de preparación técnico-profesional. Hay 650 000 estudiantes en las universidades en estos momentos y toda la enseñanza es gratuita. Se le garantiza además al 100% de los niños con deficiencias físicas y mentales la posibilidad de prepararse para la vida en escuelas especiales.

La precaria situación de la salud pública en 1958 la caracterizaba una mortalidad infantil que sobrepasaba la cifra de 60 por mil nacidos vivos y la materna un nivel de 118 por 10 mil. La tasa de mortalidad por gastroenteritis era de 41,2 por cien mil y la de tuberculosis de 15,9 por cien mil. En zonas rurales el 36% de la población padecía parásitos intestinales, el 31% paludismo, el 14% tuberculosis y el 13% de la tifoidea. La esperanza de vida al nacer se estimaba en 58,8 años.

La capital del país concentraba el 61% de las camas de hospitales y el 65% de los 6 500 médicos. En el resto de las provincias la cobertura era de un médico por cada 2 378 habitantes y en todas las zonas rurales de la nación existía únicamente un hospital.

Hoy toda la atención de salud es gratuita y Cuba dispone de más de 70 000 médicos para una cobertura de un galeno por cada 194 habitantes y casi 30 000 de ellos están prestando servicios en más 60 países. Se ha creado una red nacional de más de 700 hospitales y policlínicos. Por la masividad de la vacunación (en estos momentos a cada niño se le dota de 13 vacunas) han sido virtualmente eliminadas enfermedades como la poliomielitis, difteria, sarampión, tos ferina, tétanos, rubéola, la parotiditis y la hepatitis b. La mortalidad infantil es de 5,3 niños muertos por mil nacidos vivos y la esperanza de vida es de más de 77 años. También se prestan gratuitamente un conjunto de servicios médicos de avanzada que usualmente en el ámbito internacional no son considerados básicos, como es la atención en salas de terapia intensiva en hospitales pediátricos y de adultos, los servicios de cirugía cardiovascular, servicios de trasplantología, cuidados especiales perinatológicos, el tratamiento de la insuficiencia renal crónica, y los servicios especiales para la rehabilitación física y médica, entre otros.

No fueron tan solo las medidas económicas y sociales el centro de la atención del Estado revolucionario. También lo fueron los esfuerzos dirigidos a establecer la base jurídica interna que posibilitara el ejercicio del derecho a la libre determinación mediante una participación directa de la población en la discusión, análisis y aprobación de las principales leyes del país, donde se destacan la Constitución de 1976, aprobada después por el 97% de los cubanos mayores de 16 años mediante referendo u otras leyes trascendentales como el Código Penal, el Código Civil, el Código de Familia, el Código de la Niñez y la Juventud, el Código Laboral y de Seguridad Social y muchas otras.

De igual forma, la libre determinación del pueblo cubano se expresa en el derecho a defender a la nación frente a la agresión exterior. Hoy más de cuatro millones de cubanos —trabajadores, campesinos y estudiantes universitarios— están organizados en formaciones de milicias y cuentan con las armas en sus áreas de residencia o en sus fábricas y zonas campesinas.

Desde 1959, sin embargo, Cuba ha tenido que hacerle frente a la hostilidad de diez administraciones gobernantes norteamericanas que han pretendido limitarle el derecho de libre determinación mediante agresiones y la imposición unilateral de un criminal bloqueo económico, comercial y financiero.

Es un principio universalmente aceptado de la ley internacional la prohibición de la coacción de un Estado contra otro con el propósito de negarle el ejercicio de sus derechos soberanos. En el artículo 24 de la Carta de las Naciones Unidas se señala que las naciones deberán abstenerse en sus relaciones internacionales de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.

Durante los últimos 45 años los Estados Unidos han prohibido todo comercio con Cuba, que incluye alimentos y medicinas; cancelaron la cuota cubana de exportación azucarera, con fuertes sanciones, prohibió a sus ciudadanos viajar a la Isla, prohibió la reexportación desde terceros países a Cuba de productos de origen estadounidense que tengan componentes o tecnología norteamericana; proscribió a bancos en terceros países mantener cuentas de Cuba en dólares o utilizar esa divisa en sus transacciones con la nación cubana; han intervenido sistemáticamente para evitar u obstaculizar el comercio y otorgamiento financiamiento o asistencia a Cuba por gobiernos, instituciones y ciudadanos de otros países y organismos internacionales.

Esas represalias obligaron a Cuba a recomponer en la década de los 60 sus relaciones económicas de una manera estructural al verse obligada por las circunstancias y crear todos sus mercados fundamentales en los países de la antigua Europa del Este, principalmente en lo que fue la Unión Soviética, que obligó al país a una reconversión casi total de toda la tecnología industrial, medios de transporte, avituallamientos, etc.

Después que Cuba perdió sus mercados naturales en Europa del Este, el Gobierno norteamericano recrudeció a partir de 1992 sus medidas de bloqueo mediante la Ley Torricelli, bajo el pretexto de la "democracia y los derechos humanos" para prohibir a subsidiarias de empresas estadounidenses, radicadas en terceros países y sujetas a leyes de esas naciones, la realización de operaciones comerciales o financieras con Cuba (sobre todo en alimentos y medicinas), castigar con la prohibición de entrada a puertos norteamericanos, por 180 días, a buques que transporten mercancías hacia o desde Cuba o por cuenta de Cuba, medidas que por su carácter extraterritorial no sólo perjudican a Cuba, sino que laceran la soberanía de otras naciones y la libertad internacional de transportación.

El 12 de marzo de 1996, el Gobierno de Estados Unidos puso en vigor la Ley Helms-Burton que agrava las relaciones entre ambos países y pretende arrogarse el derecho de sancionar a ciudadanos de terceros países ante cortes norteamericanas, a la vez que determinar su expulsión o denegarles la visa de entrada a Estados Unidos, junto a sus parientes más cercanos, con el propósito de entorpecer el esfuerzo que realiza la nación cubana por recuperar su economía y obstaculizar sus posibilidades de lograr una mayor inserción en la economía internacional. De tal manera, pretende presionar a la población cubana para hacerla desistir de su empeño al derecho a la libre determinación.

Y en los años más recientes, han adoptado el Plan Bush que pretende convertir a Cuba en una colonia, mediante un programa anexionista y una sibilina intencionalidad de intervención bajo el pretexto de la "transición", donde el Departamento de Estado encarga a uno de sus dirigentes la responsabilidad de "gobernador" para cuando desaparezca el Estado revolucionario cubano. Este Plan, por el cual George W. Bush decidió "precipitar el día en que Cuba sea un país libre", recrudece el bloqueo y la presión sobre los cubanos, incluso reprime las relaciones familiares de los cubanos residentes en Estados Unidos, entrega millonarios recursos a los grupos terroristas enclavados en Miami, así como a sus mercenarios subordinados a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana y promueve fórmulas para desestabilizar el país y redoblar la presión internacional sobre la Isla.

Esa hostilidad norteamericana ha tenido otras connotadas manifestaciones de agresión que van desde la agresión militar por Bahía de Cochinos en 1961, la guerra sucia de las bandas contrarrevolucionarias auspiciadas y fuertemente abastecidas militarmente por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, la guerra bacteriológica contra plantaciones agrícolas (caña, tabaco y cítrico), animales (fiebre porcina) y personas (dengue hemorrágico), hasta los planes de sabotajes, bombardeos mediante el uso de avionetas piratas y de atentados contra los principales dirigentes del país.

Es notoriamente público la labor que realizan las organizaciones terroristas en la ejecución de acciones militares contra Cuba desde territorio norteamericano, difundidas y alentadas por los medios de comunicación en Miami, quienes ejercitan un constante reclutamiento de aventureros dispuestos a marchar hacia Cuba como espías y saboteadores y quienes declaran abiertamente que no sienten ningún temor a ser procesados ni condenados por las autoridades estadounidense.

Esa es la causa por la que jóvenes patriotas han tenido que hacer dejación de sus intereses personales para servir a los intereses de la nación, sacrificar incluso a sus familias, e infiltrarse dentro de las filas de esos grupos terroristas para conocer de sus actividades y evitar con esa información el derramamiento de sangre del pueblo cubano y del pueblo norteamericano y estar dispuestos a pagar el precio de la irracionalidad política del Gobierno de Estados Unidos, como sucede hoy con Los Cinco héroes injustamente presos en cárceles norteamericanas por luchar contra el terrorismo.

A ello se suma el fuerte dispositivo militar creado por Estados Unidos alrededor de Cuba y sus constantes actividades que generan tensiones, así como la ocupación ilegal de la Base Naval de Guantánamo en suelo cubano (convertida hoy en una terrorífica prisión), porción territorial arrendada por Cuba por la fuerza a Estados Unidos a principios de siglo y que el Gobierno norteamericano se niega a devolver al pueblo cubano.

A principios de los 90, desaparecida la Unión Soviética, aislada y vilipendiada por la reacción internacional, Cuba soportó el golpe terrible de perder en cuestión de meses el grueso de sus mercados y crecer abruptamente en su producto interno bruto, y probó que brillaba con luz propia y que nunca había sido satélite de nadie, porque pudo soportar esa coyuntura por la extraordinaria prueba de resistencia de la mayoría de la población cubana que ha actuado desde motivaciones auténticas, valores y principios éticos.

La población cubana decidió respaldar consciente y consecuentemente a la conducción política del país, no solamente porque identifican al sistema con su propio interés, sino también por la manera responsable en que el Estado ha asumido la crisis, reorganizó sus fuerzas y ha diseñado una estrategia para buscar las salidas, pese al bloqueo norteamericano y las condicionalidades de sus aliados europeos.

Los sacrificios provocados por esa situación han sido duros, pero han podido ser soportados no solo por los indiscutibles avances sociales logrados, sino también por la confianza depositada en los órganos dirigentes del país y la apreciación de la gente de que su gobierno no era un gobierno decadente ni con crisis en su gestión o carente de estrategias, sino que ha probado que ni aún en las más difíciles circunstancias dejó de tener a la población en el centro de toda su labor.

Han pasado 50 años y el proceso liberador ha llegado hasta aquí en la misma dirección de aquella noche donde Fidel ante la muchedumbre que lo aclamaba en el hasta entonces cuartel general de la tiranía, dijo que quizás en lo adelante todo sería más difícil porque habría que luchar por hacer la Revolución.

Es el reto de esa lucha lo que se mantiene en las actuales circunstancias por desterrar los vicios y enaltecer las virtudes, con el Comandante como soldado de las ideas sirviendo de brújula en la lucha por la libertad y la independencia.

Los enemigos de Cuba apuestan a lo contrario. En este mundo donde la política es una caricatura no pueden entender que esta Revolución en su pensamiento y en su acción es un proceso de continuidad y que el compañero Fidel seguirá siendo el líder de la Revolución de hoy y de mañana, que por encima de cargos y títulos, seguirá siendo el consejero de ideas al que tendremos que acudir siempre, porque Fidel ha logrado trascender la vida política para insertarse como algo íntimo en la vida familiar de la inmensa mayoría de los cubanos.



lunes 29 de diciembre de 2008

Autocrítica

Con este texto de Feinmann el bueno saludamos a todos los que pasaron por aquí y les decimos que el año que viene en este pequeño espacio seguiremos subiendo artículos que han sido de nuestro interés, esos que pasa el tiempo y nos dan ganas de leer otra vez,
Feliz año para todos!


El otro discurso de Cleto


Por José Pablo Feinmann - Filósofo

Honorables miembros del Senado de la Nación: me disculpo ante ustedes por llamarlos de este modo. Por decirles, no “miembros del Senado de la Nación”, sino “honorables”, algo que el pueblo argentino se obstina en poner en duda. Y si el pueblo duda debemos dudar nosotros, pues es con él, con el pueblo, que debemos estar. Debemos, entonces, dudar de nuestra honorabilidad. Yo, muy especialmente, me permitiré en este desgarrado testimonio dudar de la mía. Sé que, en el Partido que me permitió llegar al lugar que aquí ocupo y a la Vicepresidencia de la República, la traición no se ve con buenos ojos. Me enteré al leer una pintada callejera que decía: “Cleto, traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor”. Al ser yo radical, comprenderán que poseo cierta ignorancia acerca de la historia antigua del Justicialismo. Motivo por el cual inquirí al historiador justicialista Norberto Galasso qué le había pasado a Vandor. Secamente (creo que no le caigo bien a este hombre), respondió: “Lo que le pasó a Rucci”. Al preguntarle qué le había pasado a Rucci me dijo: “Rajá de acá, traidor”.

Averigüé en otras fuentes confiables y las respuestas fueron evasivas. Por ejemplo: “A Vandor le pasó lo que le pasó a Alonso”. O también: “A Rucci le pasó lo que le pasó a Coria”. Finalmente encontré a ese muchacho de la Jotapé que tuvo el coraje y la honestidad de decirle al agrarista Buzzi, a ese hombre de patético flequillito que ha puesto a la Federación Agraria a los pies de la puta oligarquía, que había traicionado a su clase y a los treinta mil desaparecidos (algo, debo aclarar, que comparto plenamente) y le pregunté qué les había pasado a Vandor, Alonso, Coria y Rucci. Con alguna tosquedad, pero con buena información, me dijo: “A esos los amasijaron por traidores, boludo. El peronismo es el movimiento de la lealtad. Aquí, el que traiciona es boleta. Y ahora rajá: pagaría por no verte”. Iba a preguntarle cuánto pero, en verdad, no tengo ya problemas de dinero, porque la noche de mi voto “no positivo”, cuando me dirigía hacia la Cámara a ocupar mi sillón, me abordaron una cantidad de personajes de relevancia entre los que creí advertir –créanme: soy Cleto, no miento– la presencia de Henry Kissinger. Era él, no tuvo siquiera el pudor de ocultarse.

Había también gente de la oligarquía, de los grandes medios de comunicación, pude notar –orgulloso– la presencia de Herbert Matthews hijo, jefe de redacción del New York Times y autor de ese best seller: Populismo en América latina o El Regreso del Peligro Rojo, y otros personajes menores pero todos capitostes del mundo del dinero, de la guita loca, por decirlo así. Con su voz ronca, ya deteriorada por los años implacables, acaso por uno que otro remordimiento injustamente provocado por su brillante carrera como criminal de guerra, el premio Nobel de Paz, Henry Kissinger, dijo: “Quince”. Yo, intrigado, me permití inquirir: “¿Quince? ¿Quince qué?”. Un distinguido señor de pelo blanco a quien el conocido piquetero Castells le pedía todo el tiempo vacas para los pobres, me dijo: “Quince millones de dólares, pelotudo. Ahora andá y cumplí con la patria”. ¿Qué quiero decir con esto? Que de guita ando bien. Que ese muchacho de la Jotapé no necesitaba pagar nada por no verme. Que me podía ir gratis y así me fui.

El resto ustedes lo conocen. Les conté pasajes emotivos de mi dura existencia y emití mi voto “no positivo”. Reclamo entonces un reconocimiento. Enriquecí el vocabulario de los argentinos. Lo torné más complejo. Obligué al pueblo a pensar. Basta de esa sencillez, de esa banalidad de corte tinelliano de decir “Sí” o “No”. Nadie más dice “Sí” o “No” en este país. Lo habrán notado. Varios maridos me han dicho que, a la noche, en el tálamo matrimonial, preguntan a sus mujeres: “Querida, ¿querrías hacer chiqui-chiqui conmigo esta noche?” Y sus mujeres, si quieren, dicen: “No negativo”. Y ahí la pasan fenómeno. Pero hay noches en que ellas no quieren hacer eso, chiqui-chiqui.

Entonces a la pregunta: “Querida, ¿querrías hacer chiqui-chiqui conmigo esta noche?”, ellas responden: “No positivo, boludo. Me pasé toda la tarde haciendo chiqui-chiqui con el jardinero”. “Le dije ‘no negativo’ cuatro o cinco veces. Perdí la cuenta. ¡Cómo para decirte ‘no negativo’ a vos quedé!”.

También mi voto no positivo introdujo neologismos. Por ejemplo: si un amigo se queda con las acciones que otro tenía en la empresa, el otro le dirá: “Me cleteaste asquerosamente. Sos un podrido cleteador”. “No me insultés”, se defiende el chorro, “Te banco cualquier cosa. Puteame a la vieja si querés. Pero cleteador no. Soy incapaz de cletear a nadie”. También tiene otros sentidos que me gustan más. El de piola por ejemplo: “Soy un Cleto bárbaro”. O el de sexo anal: “Lo mío, en la cama, es cletear. Mi puñal lo clavo de atrás. Date vuelta, nena, que te cleteo, les digo. Y se vuelven locas”. Sin embargo, hay otros usos que me atormentan. El pasado domingo, como buen cristiano que soy, fui a misa con mi familia. Y el cura, en un pasaje de su homilía, dice: “A Jesús lo cleteó Judas”. Todos clavaron su mirada en mí. Salí huyendo de esa Iglesia. Corrí hacia mi casa. Dos pibes discutían. Se estaban por agarrar a las piñas. De pronto uno le dice al otro: “Sos un cagador, boludo. Un Cleto cualquiera”. Encendí la tele. Daban una con Alan Ladd. El desconocido se llamaba. Alan Ladd le decía a un pequeño niño rubio, del que se despedía: “Crece fuerte y justo.
Un hombre debe ser lo que debe ser. Y sólo hay algo que no debe ser nunca: un apestoso cleteador”. Desesperado puse el canal religioso. Siempre ha traído paz a mi alma. Un sacerdote leía pasajes de la Biblia: “Estaba Jesús todavía hablando cuando se presentó un grupo; el llamado Cleto, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó para darle un beso. Jesús le dijo: ‘¡Cleto, con un beso entregas al Hijo del Hombre!’”.

Apagué ese aparato infernal. Antes, sin embargo, buscando cambiar mi humor, hice un pasaje por Tinelli, como suelo hacerlo. Se lo veía algo enojado. Respondía críticas. De pronto, ante mi horror, dice: “Y a los que me critican les respondo que voy a seguir mostrando culos y tetas hasta el fin de mis días. Nunca cletearé mi estética. Soy así. No voy a cletearme. ¡Jamás lograrán que Tinelli se cletée a sí mismo!”.

Honorables miembros del Senado de la Nación, no puedo seguir viviendo así. Señora Presidenta, discúlpeme. Fue un momento de debilidad. Cedí a las tentaciones del Mal. He sentado un mal precedente. De la traición nada crece. Sólo más traición. En este día tan especial, en este día de pureza, en este día en que celebramos la esencial inocencia de todo lo creado, permítame usted recuperar la mía. Le ofrezco mis disculpas. Acéptelas. De las dos veces que nos hemos cruzado desde mi voto no positivo he notado un dulce acercamiento de usted hacia mí. La primera vez me escupió tres veces. La segunda sólo una, aunque más densamente.

Acaso la próxima ya no me escupa y me dé su abrazo conciliador. Señores senadores, hagamos votos para que así sea. Sé que está lleno de Cletos entre ustedes. Se los ruego: practiquen una cura de descletización. Sólo así el país tendrá un futuro. Dios guarde a nuestra Presidenta, la ilumine en sus arduas tareas y no permita, sobre todo, que jamás vuelva a tener un compañero de fórmula, un vicepresidente tan profundamente cagador como yo lo he sido. ¡Nunca más un Cleto en la patria de los leales, de los sinceros, de los que si tienen un puñal eligen clavarlo en su propio corazón antes que en la espalda de un amigo! Señores, queda levantada la sesión.


viernes 21 de noviembre de 2008

Avances y retrocesos

por Mario Toer - Profesor titular de Sociología y Política Latinoamericana (UBA), secretario adjunto de Feduba.

No sé si vamos a tener que retroceder o si seguiremos avanzando. Lo que si sé es que no podemos soltarnos los brazos y debemos seguir codo con codo y con los dientes apretados. Los embates de las radios, los diarios y los canales no cesan y procuran enloquecer a la gente con su inacabable despliegue de desdichas por venir. Bien dosificados y entrelazados se mezclan los pronósticos de más robos del Estado insaciable y de adolescentes oscuros en las esquinas. Nadie puede sustraerse a la tempestad de atropellos sin fin. No es fácil. No dan tregua. Les sobran recursos y cuentan con gente bien adiestrada. Para colmo, de tanto en tanto nos topamos con algún viejo conocido que cede ante la borrasca y pierde la razón y se dedica a formular extrañas interpretaciones sobre las dualidades y metamorfosis de lo que llaman la pareja gobernante. Otros, en su delirio, pretenden los buenos modales que alguna vez existieron en alguna metrópoli próspera y ajena a los rumores del descontento. Se suman al coro de impacientes que reclaman que el huracán de la crisis planetaria nos trague lo más pronto posible.

No es la primera vez que ocurre algo así. Pero es la primera vez que encuentran una resistencia significativa. En otras oportunidades, las alarmas de corridas generaban tropeles de multitudes en abierto descontrol. Esta vez, el antiguo desdén patricio, a pesar de sus desbordes desmedidos y sus réplicas clasemedieras, encuentra gente bien parada, que sin exuberancias ni engreimientos manifiesta no estar dispuesta a dejarse llevar por delante así como así.

Y ellos lo saben. Se sienten dueños de algunas esquinas, pero intuyen que a algunas cuadras de distancia las cosas son diferentes. Sin presunciones ni jactancias, hay gente en los bordes que puede perder la paciencia. Si las cosas no se conducen con un mínimo de prudencia, puede venir lo peor. Algo de aquello que apareció como una ráfaga en el 2001. Y que ahora encuentra ecos en otras latitudes. En largas marchas por el Altiplano, por sierras, selvas y llanuras de una geografía que se distiende y tensa en torno de los dos trópicos, como alistándose para un irremediable despertar.

Nadie las tiene todas consigo. Ni ellos ni nosotros. Y eso es lo que le confiere a la contienda un sabor especial. Arremeten con titulares desaforados, cuando antes no solían perder la compostura, dando cuenta de que no tienen certezas del paraje que están pisando. Quieren llegar a un territorio conocido pronto porque temen que se llegue a una línea desde donde sea difícil retornar. Por otro lado, nosotros sabemos por experiencia que no se trata de ocupar terrenos que no estamos seguros de si se van a poder defender.

No hay margen para la desconcentración ni para regalarle a nadie los reclamos elementales de la gente. La desesperación y el arrebato de algunos es un producto de las recetas que se utilizaron cuando ellos se suponían los dueños del mundo. Tenemos que cuidar que nadie se lastime hoy, pero los nuevos soportes serán para el futuro. Para cuando la miseria no sea consecuencia natural de la fortuna de los menos. La crisis que sacude al mundo seguirá su curso. Sobrevivirán los más fuertes, como otras veces ya ocurrió. Pero ahora las certezas con que nos reclamaban resignación están agrietadas. A pesar de las radios, los diarios y los canales, otras verdades, otras palabras pueden esparcirse. Y entonces, aunque tengamos que retroceder, seguiremos avanzando.